Highlands: Hacia Tierras de Leyendas 2


Por Juan Recio.

Nuestro punto de partida como suele ser habitual en nuestros viajes de verano fue Navalcán (Toledo). Nos pusimos en ruta muy temprano  pues debíamos embarcar en Santander ese mismo día a las 14:30 con dirección Plymouth (sur de Inglaterra). Llegamos con una hora y media de antelación y pensando que seríamos los primeros. Pero cual fue nuestra sorpresa cuando divisamos en el puerto de Santander a medio centenar de moteros que ya estaban esperando para embarcar. Desafortunadamente, éramos los únicos españoles, pues todos los demás eran moteros de Reino Unido que volvían de Vacaciones tras recorrer nuestra piel de toro. La mayoría eran los típicos moteros rudos y fornidos que viajaban a lomos de impecables Harleys Davidson, y también había deportivas de última generación cargadas a tope con alforjas y bolsas cubredepósito.

En el momento de embarcar, como siempre, se experimenta una sensación especial, mezcla de emoción y aventura, y tras amarrar meticulosamente a Ensueño, nos dirigimos a nuestro camarote para despejarnos de nuestras vestiduras moteras y empezar a explorar el majestuoso Transatlántico que nos llevaría en 23 horas hasta las costas de Inglaterra. La verdad es que tienes de todo para no aburrirte: Tiendas, restaurantes, discoteca, piscina, gimnasio, juegos recreativos etc.. Y al final del día coincidimos en cubierta con una pareja de moteros para ver la puesta de sol. Se dieron a conocer como los Anderson, y era un matrimonio de Walles que viajaba cada uno en su correspondiente CB 500. Estuvimos charlando con ellos de los viajes en moto y compartimos en un de los pubs del barco unos tragos de un buen Whisky escocés…. “No sé por qué” pero esa noche dormimos muy bien en el barco y tras llegar a Plymouth mas o menos a la hora prevista, nos pusimos en marcha para atravesar toda Inglaterra hasta llegar a Whetheral muy cerca de Carlisle y el único lugar que teníamos reservado para dormir en todo el viaje, los demás días no sabíamos dónde nos hospedaríamos. Pronto nos acostumbramos a conducir por  la izquierda pero el problema fue el denso tráfico al que tuvimos que hacer frente el primer día, ya que al ser viernes y 1 de agosto, en todas las ciudades que atravesamos había unos atascos que no tenían nada que envidiar a los de la M40, y llegar hasta Whetheral fue un suplicio.

Al día siguiente nos dirigimos a Edimburgo por Moffat, y todo ese valle hasta Peebles, es precioso y está repleto de ovejas a ambos lados de la estrecha carretera, merece la pena hacer una parada para ver la cascada de Grey Mare. Al llegar a Edimburgo, la sensación, es de estar llegando a una ciudad medieval y monumental. Está dominada por su famoso castillo y es muy recomendable recorrer sus callejuelas  y ver como se mezclan al unísono: Gaiteros, danzarinas del baile del vientre, bravehearts….”En fin todo un espectáculo”, no obstante, resultaba un poco agobiante, pues dentro de unos días se celebraba el famoso festival. Así que, decidimos poner tierra de por medio, nos dirigimos a Inverness y por fin entramos en las ansiadas Higlands con sus espléndidos lagos y  afamados castillos. Visita obligada fue recorrer el lago Ness y visitar el Castillo de Urquhart. En nuestra opinión, no es en absoluto lo mejor de Escocia, pero claro hay que verlo. Aunque más arriba fue donde de verdad encontramos la Escocia salvaje y espectacular que realmente merece la pena visitar.

Desde Inverness y por la costa este, proseguimos nuestro viaje hasta llegar a John O’ Groats. El pueblo más al norte de Escocia y como reza en su cartel, el final  de la carretera. Allí encuentras un complejo turístico tipo Nordkapp pero en pequeñito, donde puedes comprar souvenirs y mandar las correspondientes postales a familiares y amigos.

Fue precisamente desde John O´Groats donde el paisaje cambió por completo a mejor. Desde allí fuimos primero a Duncansby Head y después hasta los acantilados de Dunnet Head. Seguimos rodando por la costa norte, atravesando unos paisajes idílicos, con la intención de dormir en Tongue, pero no encontramos sitio para dormir y no tuvimos más remedio que proseguir nuestra ruta, aunque un poco agobiados, pues se echaba la noche encima, el cielo amenazaba tormenta y la sensación de soledad era absoluta, pues llevábamos bastante tiempo circulando y no nos habíamos cruzado con nadie. Al final dimos con un atípico Bed &Breadfast cerca de Laid. Digo atípico porque era una especie de barracón solitario perdido en medio de una naturaleza sobrecogedora pero que no  tenía muy buena pinta. Al final entramos y resultó ser una de las mejores experiencias de todo el viaje. El dueño era un viejo pescador que en invierno se dedicaba a pescar langostino y nos contó que posteriormente esos langostinos que él vendía iban a parar a España e Italia. Allí coincidimos con una auténtica trotamundos de Israel. Viajaba sola y disponía de “tan sólo” 60 días para recorrer Escocia. Pasamos un rato muy agradable en el salón del barracón hablando de futuros viajes y la expliqué el sentido de lo que suponía para nosotros viajar en moto…un poco más y  la tengo que dar una vuelta en Ensueño. Al final llegó la noche y nos fuimos a dormir, pero la imagen que conservamos del anochecer desde el ventanal del salón y al fondo el Loch Eriboll es de las cosas que marcan e incitan a seguir viajando.

A la mañana siguiente, tras un suculento desayuno a base de huevos, bacon, salchichas, tomate y champiñón, nos despedimos del pescador y la trotamundos dispuestos a entrar en la costa oeste, y disfrutar de los espectaculares fiordos e innumerables lagos. En el trayecto decidimos desviarnos por una carretera secundaria que iba de Kylesku hasta Lochinver. Era una carretera estrechísima en el que apenas pasarían dos motos al mismo tiempo. De ahí que hubiera muchísimos “Passing Places” para poder orillarte y permitir el paso del vehículo que viene de frente. Nos llamó mucho la atención la llegada al pueblecito de Gairloch, parece una auténtica postal y ese mismo día intentamos dormir en Shieldaig un pueblo precioso pero lamentablemente tampoco había sitio para dormir. Aunque el propietario de un B&B llamó por teléfono y nos reservó en Achitraid. El trayecto desde Shieldaig hasta Achitraid pasando por Applecross es precioso y se atraviesan unas montañas espectaculares. Al final tuvimos suerte con el B&B que nos habían reservado desde Shieldaig y desde la ventana de la habitación se divisaba una soberbia panorámica de Loch Kishorn y las montañas de Applecross.

Pero sin duda lo más espectacular de la costa Oeste fueron las Islas Skye. La naturaleza es indomable  y rodar por sus carreteras vertiginosas y onduladas es un auténtico placer. Os recomendamos que os desviéis por una carretera secundaria que sale a mano izquierda pasando Staffin y que lleva hasta las aproximaciones de Uig en el lado oeste de la Islas, fue uno de los mejores trayectos de todo el viaje.

De esta forma, y aunque nuestro viaje por las Higlands iba llegando a su fin, todavía quedaban algunos platos fuertes por ver: El castillo de Eilean Donan Castle, Ben Nevis y el Valle de Glencoe. El Castillo de Eilean Donan Castle evoca por los 4 costados, todo el sabor de Escocia. Fue reconstruido en 1932 a partir de los planos originales conservados en Edimburgo y originariamente fue erigido en el S. XIII para impedir el acceso al Loch Duich a los piratas escandinavos. Desde allí nos dirigimos hasta Fort William y recorrimos  todo el Loch Leven. En Kimlochleven coincidimos con un apasionado de las motos que en sus años jovenes viajaba a lomos de una Norton. Un buen tipo y un auténtico lord  inglés que no dudó en levantarse de la terraza del bar donde estaba tomando algo e indicarnos donde estaba hospedado para poder seguir hablando de motos, lamentablemente, donde el se hospedaba ya no había habitaciones.

No obstante la suerte quiso que al día siguiente le volviésemos a ver. Él, viajaba en un deportivo descapotable con su mujer, al adelantar le saludé en V y desde el espejo retrovisor de nuestra moto vi como nos mandaba unas ráfagas. Al fin y al cabo el día anterior coincidimos en que, aunque el ya no podía, viajar en moto era la mejor forma de viajar. Posteriormente, nos adentramos en el Valle de Glencoe, un valle precioso donde la carretera serpentea entre montañas majestuosas, y desde allí el viaje transcurrió sin problemas hasta Glasgow.

En Glasgow cogimos la autopista hasta Dover para embarcar dirección Calais y continuar nuestro viaje por la costa oeste de Francia. De la costa Oeste, nos encantó Mont St Michel, parece un pueblo sacado de un cuento de hadas y también nos desviamos para ver La Rochelle y Rochefort. Otro paraje que merece la pena visitar son las Dunas de Pilat, cerca de Arcachon. Son las dunas más grandes de Europa y mereció la pena desviarse para verlas.

En total fueron 5.700 Km en 10 días. Sinceramente creíamos que íbamos a tardar más, pero el tiempo acompañó y algunas circunstancias como no encontrar alojamiento en algunos sitios nos obligaban algunos días, a seguir nuestra ruta y dormir más adelante de lo que teníamos pensado. Aunque parezca mentira, no nos llovió prácticamente en todo el viaje pero paradójicamente nos  cayó una buena tormenta de regreso y a tan sólo  70 Km de Navalcán. Pero no quisimos sacar los monos de lluvia, ¡Para qué!, hacía tanto calor que se agradecía y además era una buena forma de que las leyendas y paisajes de Escocia, calaran, aun más y para siempre entre nuestros más preciados recuerdos.

Juan Recio, Raquel  Muñoz y Ensueño.

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