11 días, 5000 kilómetros 1


Por Francisco J. Cruz.

Hay varias acepciones que amparan la expresión “viaje iniciático”. Obviando su significado astrológico, podría decirse que puede considerarse como una experiencia, en sentido amplio, que plantea una serie de situaciones tales que la superación de las mismas supone un cambio trascendental en la persona que la ha vivido, en cuanto a su carácter o forma de ser o entender la vida se refiere. En un sentido mas literal cabría definirlo, simplemente, como un viaje de conocimiento y descubrimiento de algún lugar hasta ese momento desconocido. En mi particular opinión pienso que, en muchas ocasiones, ambos conceptos se funden en uno.

Desde niño he admirado a los aventureros y a la aventura, siempre he tenido la cabeza llena de pájaros con estas cosas. Demasiado Julio Verne, demasiado Emilio Salgari, demasiado Robert Louis Stevenson, demasiado Jack London, demasiado Homero, demasiado de demasiados que se me olvidan. Benditos excesos, gracias a Dios. Y a mis padres, a los que admiro profundamente, protagonistas de esa aventura gris y sorda que es una vida llena de piedras.

A pesar de que el tiempo y la vida se han aliado para ir convirtiendo esos pájaros en tristes plumas, aún me las he apañado para conservar unos cuantos de ellos. En esta ocasión se lo tengo que agradecer a mi yo soñador, el que no toca el suelo con los pies y tiene la cabeza en las nubes, y a mis hijos que, sin proponérselo, constantemente me recuerdan lo que fui y lo que no debo ser, lo que he aprendido y lo que no debo olvidar.

Uno de esos pájaros viajaba en moto, en solitario,  a un sitio lejano y desconocido. Ahora ese pájaro ya no se convertirá en plumas, ya ha hecho ese viaje iniciático.

¿Y por qué Francia? muy sencillo, porque el presupuesto no me daba para mas y porque para vivir una aventura no necesitaba una vuelta al mundo, un RTW (Round The World) que está tan de moda decir ahora. Ya dijo alguien que la aventura empieza aquí y ahora.

Desde el 18 al 28 de agosto he vagabundeado desde Jaén a Jaén pasando, eso si, por Madrid, Burdeos, Nantes, Saint-Nazaire, Gúerande, Vannes, Carnac, Quimper, Pointe du Raz, Douarnenez, Roscoff, Perros-Guirec, Saint-Brieuc, Saint-Malo, Cancale, Mont St. Michel, Granville, Cherburgo, Sainte-Mère-Église, Arromanches, Caen, París, Albi, Huesca, Zaragoza, Teruel y Valencia, amén de todos esos otros pueblos, ciudades y aldeas que se borran de la memoria a la misma vez que pasas por ellas.

No había otro objetivo que viajar y algunos puntos fijos atados a mi universo de cosas por hacer: Nantes y la casa de Julio Verne, las playas del famoso desembarco de Normandía, la Ciudad de las Luces, …El resto fue elegido sobre la marcha.

Este fue mi viaje en imágenes, al menos algunas de ellas.

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