Austera Soledad


Por Eduardo Cooke . Un pequeño viaje por el nor-oeste uruguayo, disfrutando de sus solitarios parajes, sus encantadores valles  con sus difíciles ripios basálticos y principalmente de la tradicional amabilidad de su pueblo, con sus arraigadas costumbres campesinas.-

DIA 1  VILLA ELISA- TACUAREMBÓ  430 KMTS

El comienzo del viaje es prometedor, un sol primaveral tiñe de naranja el cielo entrerriano, los amaneceres y ocasos son los momentos ideales para apreciar la silueta de los palmares de Colón, hacia el otro lado  hombre y máquina proyectamos una larga sombra sobre el pasto helado devorando kilómetros en busca de aventura, atrás quedan la seguridad del hogar y los afectos, además de una racha adversa de proyectos de viajes frustrados, que trajo casi un año de abstinencia.-

El complejo de Salto Grande permite el paso al Uruguay. Mientras el Río De Los Pájaros se aleja hacia su destino final, el ancho Plata , yo me interno en el “paisito” ansiando recorrer caminos  que serpentean entre extraños cerros chatos, quebradas, valles y bosquecillos del norte, además de luchar con sus duros y filosos pisos de basalto.-

Rápidamente dejo atrás Salto para luego abandonar por primera vez el “bitumen” de la ruta 31 , a buen ritmo encaro el suave “balastro” de la ruta “Jones”, enfilando hacia el lejano horizonte, interrumpido este por alguna arboleda de eucaliptus , donde la agricultura es muy escasa y difícil (la capa de pedregosa está prácticamente a ras de la superficie). Las suaves cuchillas son atravesadas por largas rectas y abiertas curvas , aquí y allá enormes majadas y bandadas de ñandúes pastaban mansamente.-

Paso unos lindos vados de agua limpia y dejo atrás Puntas De Valentín para descansar a la sombra en un arroyo de piedras y aguas correntosas . En el horizonte lejano aparecen pequeñas serranías  y para allá avanzo decididamente, siempre con buen ritmo pero ya con un trayecto mas intrincado, subiendo y bajando por las ya pronunciadas cuchillas.-

Mas adelante retomo la ruta 31, que me recibe con un precario piso y escaso tránsito para enseguida disfrutar de un tramo lleno de trepadas y curvas suaves, allí no pude evitar asociar este trayecto al tramo abierto del T T de la Isla De Man, suaves y verdes colinas con escasos árboles y ovejas pastando mansamente en medio de una silenciosa soledad, sólo interrumpida por las pistonadas de bicilíndrico que respiraba el fresco y limpio aire. Una detención para descansar también despertó algún recuerdo de mis ancestros pastores de ovejas y tuvo como broche de oro un copioso trago de un buen wiskey “made in dublin” para honrar esa ascendencia celta.-

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Un pequeño desvío de la ruta asfaltada me permitió apreciar un caminito enripiado que conduce a unos campos del ejército en medio de unos bosquecitos para finalmente recalar en Tacuarembó, desde donde realizaría las travesías los dos días subsiguientes.-

 

DIA 2  TACUAREMBÓ MASOLLER TACUAREMBÓ  250 KMTS

La densa niebla cubría las ondulaciones de los campos, tomé la ruta 5 hacia Brasil para desviarme por un ripio hacia el pueblito de Laureles, en poco tiempo el sol pudo mas que dicha niebla y dejó  ver hacia el norte los cerros que me esperaban .

Avanzaba a buen ritmo, deliciosas y  largas rectas se combinaban con cerradas curvas para salvar los aun pequeños cerros,  debía tomar muchos recaudos por el cambiante basalto, que pasaba fácilmente de una superficie suave y  lisa a filosas piedras sueltas.

Aquí y allá se divisaban las modestas casitas de los campesinos con el característico humo (vertical por lo calmo del viento) que emitían sus chimeneas, en medio de campos pedregosos, con eucalyptus ,pinos y brillantes bosquecillos de “aruera”, se respiraba un hermoso “olor a campo”.-

Estación Laureles es un pequeño  poblado , allí saludo  a unos arrieros que llevan una majadita y prosigo viaje, al fondo ya se ven los cerros aterciopelados que rodean el precioso Valle Del Lunarejo, en tanto el trazado abierto y veloz va cediendo lugar a tramos mas complicados, simples huellas en el pasto, tramos con piso arenoso pero firme y basalto (sueltas piedras grandes y filosas)me  obligan  a extremar los cuidados.-

La exigencia es grande y los brazos comienzan a fatigarse, el  Arroyo Lunarejo  ofrece el merecido descanso, con su frondoso  monte y límpidas aguas que corren en medio de un gran pedregal. Allí aprecio unos impresionantes ejemplares de Guaviyú (un pariente del Arrayán del sur), para luego intercambiar una charla con un solitario viajero (que en lugar de andar en moto como yo lo hacía sobre un hermoso alazán), este me describió  (en “portuñol”) las bellezas de la  zona alentándome a seguir a pesar del dificultoso trazado.

Vadear el arroyo no fue sencillo, el piso suelto de canto rodado tendía a encajar la moto y desviar el manillar (debí esforzarme para no caer en medio de la correntada)para luego seguir avanzando lentamente, subidas muy pronunciadas cubiertas de filosas piedras sueltas generaron nuevos momentos de zozobra , la moto daba barquinazos mientas los brazos luchaban para controlarla. Estuve  varias veces a punto de caer , (cosa que me preocupaba pues quizás no pasaría nadie en todo el dia para auxiliarme ).

Finalmente y luego de una pronunciada trepada llegué a los campos altos (unas cuchillas rocosas dedicadas a la cria de ovinos), una mirada hacia atrás dejó ver el hermoso valle que había recorrido, los cerros con sus paredes verticales conectaban los campos desprovistos de árboles con  ese valle cubierto de un espeso monte, desde donde apareció cruzando la calle una bandada de pavas de monte (parientas cercanas de la conocida charata que habita el Chaco).-

Ahora  avanzaba velozmente, el camino, abierto y con buen ripio acompañaba las suaves ondulaciones de las cuchillas combinando tramos rectos con curvas abiertas, (mientras del otro lado del alambrado algunos ñandúes encaraban alocadas  carreras espantados por el ruido) , para mas tarde recalar en el pequeño poblado de Masoller (del lado Uruguayo) unido a Pueblo Albornoz (lado Brasilero).

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L a desolada ruta 30 me llevaba rápidamente hacia el  este,  para luego de un buen trecho plano por los campos altos encarar un tramo muy sinuoso y con fuerte pendiente (19 %) llamada “Bajada de Pena” internándome nuevamente en el Valle. Aprecié un bañado protegido donde numerosas especies de aves (chajas, gallaretas, patos, garzas, etc) anidaban mansamente sin inmutarse de la presencia humana, a escasos metros de una escuela, en cuya entrada se exhibía (a título informativo) los nombres (científicos y vulgares) de tales especies para concientizar a los niños sobre la biodiversidad del lugar.-

Un descansito a la sombra y retomo el camino para empalmar hacia el sur por la  ruta 5, allí, luego de tanto camino áspero disfruto de trazar curvas con precisión aprovechando el impecable piso. El sol de la tardecita ilumina los hermosos cerros chatos de Manuel Díaz  mientras la luna casi llena asoma detrás del Miriñaque, sólo un último tramo y estoy de vuelta en la ciudad de Tacuarembó luego de una jornada de intensas emociones y aprendizaje.-

 

DIA 3 TACUAREMBÓ – RIVERA – MASOLLER – TACUAREMBÓ  300 KMTS

El sol iluminaba desde temprano sin obstáculos los campos mientras avanzaba raudamente por la ruta 5 hacia el norte, el objetivo era ganar tiempo para poder ocuparme todo lo posible del tramo aventurero del día, sin embargo mas adelante me sorprende (y demora) el grato espectáculo de una inmensa caravana ecuestre. Efectivamente, cientos y cientos de jinetes impecablemente ataviados avanzaban encolumnados portando banderas identificatorias de distintas agrupaciones, se dirigían a Masoller para rendir homenaje al caudillo Aparicio Saravia, caído mortalmente herido en una batalla desarrollada allí  a principios del siglo XX.-

Intercambiamos saludos y prosigo nuevamente para reabastecer en el acceso a Rivera, ciudad unida a Livramento (Brasil) tomando luego un angosto caminito asfaltado que pasa por los alrededores de la ciudad para llegar al Parque Gran Bretaña, balcón natural que mira los lejanos campos que se extienden hacia el sur este.-

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Sigo ascendiendo, esta vez el camino es áspero y difícil, en unos minutos estoy en plena Coxilha Negra , un lugar alto y ventoso que se extiende hacia el noreste y donde los brasileros están montando un gigantesco parque eólico.-

El camino es ahora plano pero igualmente áspero, la moto rebota y sus plásticos emiten quejosos chillidos mientras el avance es lento (sin dudas el camino era para una moto mas liviana)  aparecen a izquierda y derecha alternativamente los mojones que definen la frontera seca, (Brasil-Uruguay-Brasil-Uruguay sucesivamente…), mientras mas adelante los carteles de los establecimientos ganaderos aumentan mi confusión respecto del país en que me encuentro (Estancia Santa…. Fazenda Dom..), lo que sumado a la nula información emitida por el gps comienzan a angustiarme…

Ahora el desparejo camino da paso a una senda apenas marcada en medio de la soledad….estoy perdido y el gps sigue sin orientarme, acudo a un establecimiento (creo que era en Uruguay..) donde un puestero me orienta (en un cerrado portugués) para proseguir, extiende un verde “chimarrao” y un “bom viagem”-

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Trepadas, descensos y un sinnúmero de vados se suceden para finalmente llegar (no sin alivio ) nuevamente a Masoller, esta vez desde el noreste, allí todo era preparativos para recibir al día siguiente a los cientos de jinetes para el homenaje al caudillo caído allí hace mas de un siglo.-

Vuelta nuevamente por asfalto a Tacuarembó disfrutando tranquilamente del trazado y el paisaje mientras avanza la tarde .-

DIA 4 TACUAREMBÓ-TAMBORES-PAYSANDÚ VILLA ELISA (340 KMTS)

La mañana es fría y ventosa pero el sol brilla radiante , rápidamente estoy trazando curvas por la ruta 26, dejando a mi derecha el “cerro cementerio” para luego desviarme e ingresar al mágico Valle Edén , que me espera con su acostumbrado silencio.-

Vadeo el arroyo Jabonería ,dejando a un costado el largo puente colgante mientras me interno en un sinuoso camino que me lleva (luego de vadear varias cañaditas) a “Las Marmitas”, unas extrañas formas redondeadas hechas en el agua a través de miles de años en la arenisca monolítica.-

Desando el camino y contemplo la paz y la armonía de la Estación Valle Edén , viendo las vías alejarse en curva dentro del monte cerrado, estoy tentado de quedarme pero la mañana avanza y debo llegar temprano.-

Tomo hacia el sur por un lindo caminito enripiado en medio del  monte de molles y arueras, acompañado de los también sinuosos rieles, que deben enroscarse más aun para salvar los desniveles del valle.-

Mas adelante una compleja trepada en curva de basalto grueso y suelto (quizás la mas difícil del viaje) me eleva finalmente del valle para ingresar a las mas suaves e inhóspitas cuchillas pedregosas donde el fuerte viento castiga los bajos y retorcidos arbustos que resisten aislados aquí y allá .-

Encaro el último y suave tramo enripiado para llegar al pueblito de Tambores, atrás quedaron esos mágicos valles , mientras adelante las visuales se extienden hacia el lejano horizonte y a  donde me dirijo rápidamente, devorando kilómetros y kilómetros de soledad con el deseo de volver al hogar.-

Los pedregosos campos ganaderos van cediendo paso a los verdes trigales a medida que me acerco a Paysandú, con ese mar verde de fondo y sobre un alambrado el rojo fuego de un guarapitá en migración me recuerda que la primavera está cerca, es el primero que veo desde el verano pasado, un buen augurio de los días tibios que vendrán.

Las suaves curvas de la ruta 3 eran trazadas con decisión y ganas, luego de cuatro jornadas la máquina cumplió con eficiencia y confiabilidad superando las expectativas iniciales , los miles de kilómetros compartidos a través del tiempo la han transformado en una compañera a la que costará mucho reemplazar el día que toque el recambio que inevitablemente llegará, allí, mientras escuchaba sus metálicos latidos imaginaba a esa despedida como la de un jinete con su fiel caballo al que debe reemplazar por el inevitable paso del tiempo.-

El mediodía me encuentra sobre el puente internacional “Artigas”, allí el sol calentaba el aire arrancándole el perfume a los dorados espinillos, un último empujoncito del viento y estoy nuevamente en casa…

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