Allá enfrente Estambul 2


Por Juan Recio.

Son las 5:30 de la mañana de un 30 de marzo de 2007 y acaba de sonar el despertador. Pero esta vez y al contrario de otros días laborables, cuando voy a coger la moto me doy cuenta que no me espera la oficina. La BMW R 1150 GS, está cargada hasta los topes y en pocos minutos me espera mi compañero en este viaje Jesús Blanco y su impresionante BMW R 1150 GS Adventure.

¡Vamos allá Blanco! le comento al llegar al punto de encuentro. ¡Vamos Recio! me responde. Y antes de arrancar su moto me pregunta… ¿Qué tienen los viajes en moto que enganchan tanto? No lo sé Blanco pero creo que es algo que no tiene explicación, ¿A quien explicarías de forma razonada que acabamos de dejar en nuestros hogares a nuestras respectivas esposas (Natalia y Raquel) y una niña de poco más de un mes en tu caso (Aitana) y yo a mi hijo de 14 meses (Juanito)?.¡Venga! ponte el casco y vámonos que cuando seas viejo te gustará contar nuestro viaje a las puertas de Asia a los hijos de Aitana.

Y a las 13:30 ya estábamos en Barcelona para coger el ferry que nos llevaría en 20 horas hasta Civitavecchia (Italia). Nos quedan unas cuantas horas para embarcar y hemos quedado para comer con Carles y Santi, unos buenos traileros de Barcelona y amantes también de los grandes viajes en moto. Tras la comida nos dirigimos al puerto de Barcelona dónde coincidimos también con otros moteros de Manresa que habían leído en el Motoviva mi anterior viaje a Ushuaia y una animada charla sirvió de prólogo hasta el momento de embarcar. Por fin, y con un retraso de más de una hora sobre el horario previsto de salida sonó la sirena del Ferry…¨Adéu Barcelona….Arrivederci Roma¨.

A las 16:30 del día siguiente, nuestros neumáticos ya estaban besando suelo italiano y nos dirigimos rápidamente dirección Bari. Lo de rápidamente, es un decir porque los italianos nos hacían unas pasadas que parecían levantar las pegatinas que llevábamos en las maletas de nuestro taller de confianza (Interbikemotor.com, gracias a Enrique por preparar las motos meticulosamente para viaje.)

Llegamos a Bari tan tarde que al abandonar la autopista no se encontraba el personal que tenía que cobrarnos el peaje. Y tras comprobar que nos tocaba pagar 25 euros por moto, decidimos salir las dos motos al unísono una vez que pagásemos en la máquina el importe correspondiente a una de las motos.

Bueno Blanco, no atravieses la valla del peaje hasta que no esté yo preparado para salir al mismo tiempo. OK Recio, me responde. Pues venga, allá voy…” pago el importe, se levanta la valla, me monto en la moto y…. ¡joder! con los nervios propios del delincuente principiante no logro arrancarla. La risa nerviosa y contagiosa se apodera de nosotros y por fin ruge el bóxer, tiro de embrague y salgo a toda pastilla llegando a Bari impregnado del inconfundible aroma a embrague quemado y resonando en mi mente una canción de Nicola de Bari que decía…”Hoy mi corazón, gitano se ha vuelto a sentir. Y quiere volar por siempre muy lejos de ti”…

Al final y tras una hora de estar dando vueltas por la ciudad de Bari buscando un hotel vimos una comisaría y aprovechamos para preguntar a los carabineris.

Per favore, Dov’è l’hotel…sono spagnolo, non parlo italiano. Uno de los agentes sale de la cabina donde se encontraba y nos hace un gesto de que esperemos. Esperamos cinco minutos y sale una patrulla de carabineros haciéndonos un gesto de que los sigamos.

Sirenas, salida espectacular de la patrulla y nos tenemos que emplear a fondo para seguirlos…todo un espectáculo en la madrugada por las calles de Bari. Lo que son las cosas, en una hora hemos pasado de ser pequeños delincuentes (al no pagar una de las moto la autopista) a estar escoltados por los carabineris y de repente….frenazo, parada en seco y los ABS de nuestras motos salvándonos de salir por orejas. Por lo visto han recibido un aviso y no nos puede llevar hasta el hotel pero antes de que se den la vuelta tenemos a otro coche patrulla que amablemente y a un ritmo más suave nos lleva hasta un buen hotel y nos recomiendan no dejar la motos en la calle…Grazie y Buona notte.

Dormimos fenomenal y tras desayunar fuerte nos dirigimos al puerto de Bari para coger el Ferry que nos llevaría en 9 horas y media hasta la costa Griega y concretamente a Igoumenitsa. El Ferry es todavía más espectacular que el del trayecto de Barcelona a Civitavecchia y tiene de todo para pasar el rato de la manera más agradable posible.

Aprovechamos para tomar un poco el sol, probar el afamado yogur griego, degustar una buena comida en un excelente restaurante del barco y ver como unos americanos suicidas achicharraban sus pieles en cubierta terminando prácticamente todos ellos con una insolación. A las 22:30 hora griega llegamos a Igoumenitsa y nos dispusimos a buscar un camping donde poder pasar la noche. ¡Recio! da la vuelta que nos acabamos de pasar uno. Me comenta Blanco desde su Adventure. Y al llegar al camping tuvimos que hacer unas cuantas llamadas a la puerta hasta que por fin el dueño (un señor que por su aspecto bien podía ser el abuelo de Heidi) nos abre las puertas y nos dice que estamos de suerte porque justo ese mismo día se abría la temporada. Fenomenal, montamos la tienda, cogimos los sacos y…”felices sueños”.

Juanju, despierta que hay un animal merodeando por la tienda. Creo que se trata de un perro, me dice Jesús. Joder con el perro (comento en voz alta) ¡Blanco!, dame la cámara que hay un pedazo zorro al lado de las motos y justo me da tiempo para inmortalizar el momento aunque la foto sale finalmente bastante movida al estar también amaneciendo y no tener luz suficiente.

Tras la anécdota del zorro montamos nuevamente todos los bártulos y nos dirigimos hacia Kavala pero atravesando nada más ni menos que el mítico Katara Pass y los famosos monasterios de Meteora. La ruta fue espectacular con más de 1.000 curvas y frenadas. Atravesamos el Katara Pass con 50 cm de nieve a ambos lados de la carretera y finalmente disfrutamos de lo lindo contemplando el paisaje de Meteora y los monasterios suspendidos en el aire como si fueran una atalaya hacia Dios.

¡Que sensación más especial se experimenta al ver por primera vez todo aquello que sólo habías visto en libros y documentales! Lo triste, es que ahora la felicidad del presente pasará en unos minutos a ser melancolía. Pero en definitiva y como dijo el romántico Victor Hugo, “la melancolía es la felicidad por estar triste”. Nuestro siguiente destino antes de llegar a kavala ese día era el archiconocido Monte Olimpo pero esta vez los dioses del Olimpo no estuvieron de nuestra parte y las nubes no nos dejaron ver la majestuosa cima.

Amanece en Kavala, (una ciudad preciosa, junto al mar, limpia y moderna donde parece existir culto por la motocicleta, ya que una de las calles principales está llena de magníficos concesionarios de motos de todas las marcas) y nuestro objetivo para ese nuevo día es llegar la legendaria Ciudad de Istanbul…”Las Puertas de Asia”. Atrás dejamos las buenas autopistas griegas y afrontamos con inquietud el paso de la frontera turca. Bueno pues allí estamos los dos y tenemos en frente el primer puesto fronterizo. Good morning…, good morning nos responde el agente.

Rostros afables, sonrisas recíprocas y de repente el agente sale del puesto y se monta en mi moto. Tranquilo Blanco, no pasa nada…

Aquí naturalidad y si se quiere dar una vuelta pues que se de una vuelta pero sin perder la sonrisa. Can I take a photograph? pues claro que sí, nos hacemos una foto para la posteridad, pasamos la primera revisión de los papeles y a los 100 metros…….. otro puesto. Ya decía yo que esto había sido muy fácil, pienso para mi. Volvemos a empezar… ¿Good morning?..Passport etc.…

OK, todo en regla y creo que… ¡joder! ¡Otro puesto! y ahora que nos van a pedir me comenta Blanco… ¿Qué nos quitemos los calzoncillos?… Otra vez el pasaporte, carta verde y pagar el visado.

Para pagar el visado tenemos que ir al edificio de enfrente y pagar 10 euros. Venga ya tenemos el visado. Y ahora diríjanse con sus motos al otro puesto que está a unos 200 metros más adelante…total 4 puestos donde revisan lo revisado y más de una hora y media para pasar la frontera.

Una foto con Welcome to Turkey y afrontamos la autopista camino de Estambul. Una autopista totalmente atípica con badenes, semáforos y perros. Con el cachondeo adicional de que en la señales pone circular a 120 Km/h. Si hubiéramos ido a esas velocidades, creo que no estaríamos contándolo en esta revista. Y para terminar la jornada nos sumergimos en el caótico tráfico de la ciudad de Istanbul y tardamos más de 3 horas en encontrar el hotel y la temperatura de mi moto rozando la zona roja.

¡Qué desastre!, nos hemos metido en una calle estrecha tipo bazar y de repente vemos que viene un camión marcha atrás a toda pastilla. Jesús encuentra un hueco 2 metros por delante de su moto pero yo no tengo escapatoria.

Me pongo a pitar como loco pero el camión no para, paso a gritar para que me echen una mano algunos de los comerciantes pero nadie dice nada para que el camión pare. Estoy sudando la gota gorda y veo como irremediablemente el camión se acerca y nadie hace nada….¡A lo mejor se creen que estas motos no pesan y que puedes cogerla por el colín y dar la vuelta.! pienso para mi…. menos mal que al final un comerciante hace un hueco y quita parte de sus enseres de la acera y logro meterme y tumbar la moto al máximo para que pase el camión a pocos centímetros de las maletas…¡vaya susto!.

Tras el susto proseguimos nuestra aventura de encontrar el hotel y de repente no veo a Jesús. Por fin logro verle unos 150 metros más adelante pero se me ponen los pelos de punta. Está encajado entre dos autobuses y veo como prácticamente han pasado sin contemplaciones rozando sus maletas, aquí es la ley del más fuerte y no me quiero imaginar lo que sería un accidente gordo y la papeleta de llamar a familiares y amigos.

Al final llegamos sanos y salvos al hotel y decidimos de forma unánime dejar las motos en un parking al lado del hotel….¡cualquiera se montaba nuevamente en las motos!. Tras la merecida y reconfortante ducha, cogimos las cámara de fotos y nos dirigimos en busca de Santa Sofía y La Mezquita azul…impresionantes ambas mezquitas y cuesta elegir cual de las dos es más bonita. Allí conocimos a unos comerciantes que amablemente nos invitaron a tomar te a una de sus tiendas de alfombras y aunque les dejamos bien claro que no compraríamos ninguna alfombra acabamos en la tienda bebiendo te (Ocurre igual que cuando vas a Marruecos pero aquí insisten de forma más elegante y con un perfecto castellano),

Al llegar a la tienda estuvimos hablando con unos cuantos matrimonios españoles y estos parece ser que sucumbieron a las alfombras y además de ser unos buenos clientes, se fueron con uno de los dueños a una cena típica turca con bailarinas del danza del vientre. Nos invitaron a ir con ellos pero decidimos amablemente reclinar la oferta, ya que por hoy era bastante.

Desde allí, nos fuimos a cenar a un chiringuito regentado por una familia turca muy simpática que terminaron por ser nuestros anfitriones y tomamos su bar como centro habitual de avituallamiento durante nuestra estancia en Estambul y tras el correspondiente vaso de leche en una cafetería nos fuimos a dormir.

A la mañana siguiente nos levatamos muy temprano, desayunamos fuerte y nos fuimos con las motos a hacer las correspondientes fotos oficiales con las mezquitas de fondo. Tras más de 50 fotos (Que si esta se corta la moto, que si en esta no salen los miravetes, que si en esta otra se cruza un coche…. por fin salió una foto buena y decidimos que ya estaba bien de hacer fotos a la Mezquita Azul y Santa Sofía). Dejamos las motos aparcadas cerca de la tienda de nuestros amigos de las alfombras y visitamos la Basílica de la Cisterna, una basílica llena de agua y un lugar realmente bonito que debeís conocer porque como bien decía mi amigo blanco “La basílica es bestial”.

Visitamos posteriormete la Mezquita azul descalzos como es obligatorio y subimos nuevamente al hotel al dejar las motos en el parking, ya que por la tarde nos esperaba un crucero por el Bósforo. El crucero fue recomendado por un tal Enrique, un personaje que habíamos conocido por la mañana en la entrada a Santa Sofía y que hacía pasarse por un guía de un crucero privado cuando en realidad se trataba de un crucero público. A pesar de ser un caradura, la verdad es que pasamos unas horas muy agradables con él y otros españoles en el crucero y todos salimos del barco con una de sus frases favoritas que repetía una y otra vez…”Vámonos para el monte”.

Posteriormente fuimos al Gran Bazar y nos pidieron por una joyas que teníamos pensado llevar a nuestras esposas 31.500 euros. Nosotros lejos de inmutarnos por el desorbitado precio nos hicimos lo entendidos y dijimos que aunque en realidad el precio nos parecía atractivo el incoveniente era que viajábamos en moto y daba cierto reparo llevar esas joyas en las maletas ya que teníamos que atravesar de regreso toda Europa. Al salir de la tienda logicamente nos echamos a reir porque en un principio habíamos entendido que eran 300 euros y nos pregutábamos preocupados si habrá mucha gente que compra esas joyas tan caras sin dar importancia al asunto.

Para terminar el día fuimos a nuestro restaurante favorito y estuvimos hablando con un musulman sobre religión. Los comienzos fueron duros porque parecía un poco agresivo y cerrado en sus principios, diciendo una y otra vez que en el futuro todo el mundo sería musulman, que todos eramos hijos de Abraham y que los cristianos pensábamos que sólo nosotros eramos conocedores del verdadero camino hacía la felicidad.

No hay problema le contesté, en el futuro me haré musulmán y terminamos coincidiendo en que lo importante son las personas y nos despedimos con un fuerte abrazo…¡Qué facil es entenderse con la gente en cualquier parte del Mundo!

Un nuevo día nos espera y nuestro propósito es abandonar Estambul, atravesar la frontera turca y dormir en Grecia. Amaneció lloviendo con bastante fuerza y al tener tan poca visibilidad no cogimos la dirección correcta y cuando nos quisimos dar cuenta llévamos 200 Km y estábamos a tan solo 3 Km de la frontera con Bulgaria. Tuvimos que bajar por territorio turco en paralelo con la frontera con Grecia hasta que pudimos entrar nuevamente por la frontera que habíamos dejado atras unos días antes. Otra vez nos esperaban las 4 cabinas, revisar lo revisado y una hora para entrar finalmente en territorio Griego. Proseguimos nuestro viaje por las perfectamente asfaltadas autopistas griegas que son gratuitas para las motosy nos desviamos para dormir en Kozani, un pueblecito rodeado de montañas y donde hacía bastante frío. La etapa de ese día la recordamos como muy dura al realizar 900 km, atravesar la frontera con Turquía y estar cerca de 13 horas encima de la moto.

Al día siguiente desde Kozani nos dirigimos a saborear el rincón más escondido de Grecia (Zagoria) y disfrutamos de unos buenos paisajes y carreteras retorcidas con un asfalto bastante malo hasta llegar a Igoumenitsa donde esa misma noche debíamos coger el barco dirección a Italia. Ya entrada la noche en el puerto coincidimos con Michaelo, un italiano de Napolés que llevaba trabajando 17 años en Bulgaría y sin duda nos reimos bastante con él ya que nos recordaba mucho en la forma de ser a nuestro carismático actor Alfredo Landa.

Nos contó inumerables aventuras de cuando era más joven, del accidente en moto que le dejo en coma más de 3 días y se relamía los labios cuando nos hablaba de las mujeres bulgarás, ya que para él eran de lo mejorcito de Europa. Para terminar de animar la fiesta llego un camionero alemán con la música a todo trapo y un autobús repleto de adolescentes americanos con ganas de juerga. La verdad que disfrutamos mucho esas 2 últimas horas hasta las 00:30 antes de coger el barco por el buen ambiente que reinaba entre los pocos que estábamos esperando…un caminonero alemán pletórico, un italiano melancólico, un autobús de fervientes adolescentes y un par de locos apasionados de los viajes en moto.

Esa noche no teníamos reservado camarote y nos tocó dormir en las alfombras del bar del barco, aunque la verdad dormimos muy poco ya que hasta que no cerraron la barra tuvimos que aguantar todo el repertorio de música griega y a los jóvenes americanos que cada vez estaban más eufóricos por los efectos del alcohol.

El barco llegó a Bari (Italia) a las 8:30 y aprovechamos para salir los primeros y coger rápidamente la autopista dirección Napoles y luego Roma pero esta vez más al estilo italiano y sin bajar de 150 Km/h, aunque nos dió igual ya que nos seguían pasando al igual que ocurrió a la ida, todos los coches independientemente de la cilindrada que tuvieran. Al llegar a Roma unos moteros italianos con su Ducati, al ver que Jesús llevaba unas zapatillas de deporte con el logo de la marca de su moto, les caímos en gracia y no dudaron un instante en guiarnos hasta el Coliseo y aprovechamos también para ver un poco la ciudad.

Desde allí nos dirgimos a Civitavecchia para embarcar esa misma tarde dirección Barcelona. En el barco nuevamente coincidimos con muchísimos amantes de los viajes en moto y pasamos ratos muy agradables en cubierta disfrutando del sol y de buena música. Al día siguiente llegamos sobre las 15:30 a Barcelona y afrontamos con tranquilidad los últimos 650 kilómetros que nos quedaban de nuestro viaje hasta llegar a nuestros hogares de Madrid y en nuestra cabeza resonaba una y otra vez la canción del pirata de José de Espronceda que habíamos aprendido en EGB pero esta vez cambiaba un poco la letra y decía lo siguiente:

“La luna en el mar riela en la lona gime el viento, y alza en blando movimiento olas de plata y azul; y va el capitán pirata, cantando alegre en la popa, Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Istambul.

Que es mi moto mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, viajar”

Texto: Juan J. Recio

Fotos: Jesús Blanco y Juan J. Recio

 

Allá enfrente Estambul
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