La última puesta de Sol del verano 2012


Por José Ramón Noguerol.

Un fotón es una partícula luminosa formada dentro del núcleo de una estrella como nuestro Sol. Pues bien, a este fotón le cuesta salir del núcleo aproximadamente 100.000 años, atravesar la siguiente capa más o menos un mes y por fin si consigue llegar a la zona exterior tardará en recorrer los 150 millones de km que le separan de la Tierra unos 8 minutos. Según este cálculo, la luz que nos llega ahora se formó en el núcleo de la estrella cuando la Tierra estaba en la Edad deHielo,



Este año el otoño comenzaba el sábado 22 de septiembre así que si conseguíamos llegar a Sintra (Portugal) el viernes por la tarde podríamos ver la última puesta de Sol del verano desde la punta más occidental del continente europeo, el Cabo da Roca. (38º 47´N–9º 30´W; altitud 140 metros). Unas semanas antes de la partida reservé alojamiento en la localidad de Sintra, el Chalet Relogio (www.chaletrelogio.com), una histórica casa construida por el mismo arquitecto, Luigi Manini, que diseñó la pomposa Quinta da Regaleira o la Scala de Milán. La finca no tiene grandes lujos pero está metida en el bosque al pie del Castillo de los Moros y en la misma carretera que asciende hasta el Palacio da Pena. Parece ser que esta casa se construyó para el “paisajista” que cuidaría de los jardines de la residencia de veraneo de una familia adinerada de Lisboa. El Chalet Relogio resultó un lugar perfecto para descansar en nuestro viaje.


El viernes 21 salimos de Madrid hacia Lisboa. Un viaje rápido por buenas autovías con muy poco tráfico en las de Portugal. No tuvimos problemas en llegar a la entrada más panorámica de Lisboa, el Puente 25 de Abril. La vista de la capital es magnífica pero el intenso tráfico y el enrejado metálico por el que se circula requiere conducir con precaución. Las motos deben ir obligatoriamente por un carril más seguro. La señalización a Sintra es clara y en poco tiempo se llega a la población que aparece encajada en el denso bosque de la Sierra del mismo nombre. El GPS hizo su trabajo y nos llevó a las puertas del hotel sin contratiempos. Cuando entras en Portugal hay que retrasar el reloj una hora pero el Sol tiene su horario y no espera, hay que ser puntual en la cita. Para llegar hasta el Cabo elegimos una pequeña carretera que atraviesa la Sierra de Sintra a media altura por un frondoso bosque atlántico y que termina saliendo al océano después de unos 20 km. Y de pronto al salir de una curva, en la carretera de acceso al cabo, aparece el promontorio donde desde 1772 se alza el faro, el 3º más antiguo de Portugal y detrás de él la inmensidad del Atlántico. Yo sigo emocionándome con estas cosas.


En una tarde radiante, en un lugar único, esperábamos la última puesta de sol del verano “onde a terra se acaba e onde omar comença”…e donde palpita o espíritu da fé e da aventura. Sentado frente al océnao solo hay que sentir el viento, mirar al horizonte y dejar volar la imaginación hasta la lejana costa americana. Inspirador eso de “donde palpita el espíritu de la fé y la aventura”.


 



 


 


 



 

A unos cientos de metros del mirador se puede ver un enorme peñasco “la Pedra da Ursa” que da nombre a una pequeña playa escondida entre los acantilados. Una leyenda cuenta que “hace miles y miles de años, cuando los hielos glaciares cubrían la región los osos polares vagaban por aquí buscando alimento. Cuando los hielos comenzaron a retirarse, los dioses indicaron a los animales que se fueran también. Todos obedecieron excepto una madre osa con sus crías, que se negaba a dejar el lugar en donde había nacido. Los dioses consideraron su negativa como una afrenta, y como castigo la convirtieron en una gran roca, la Pedra da Ursa, y las rocas más pequeñas que la rodean son sus crías”

 



El Sol preparó su última actuación del verano con detalle; el cielo estaba completamente despejado, la temperatura era muy agradable, no había mucha gente y la función comenzó puntualmente. Mi mujer, Reyes, y yo nos sentimos muy afortunados por vivir juntos ese momento, además éramos los únicos viajeros que habían llegado en moto para contemplar la puesta de Sol de esta tarde. Nos dijo el dueño del Chalet Relogio que para ver ponerse el sol en el Cabo da Roca hay que tener alguien a tu lado al que puedas abrazar, ¿por qué será?.



 



 

Y para dar fe de haber estado allí, además de las fotos, el certificado de la Oficina de Turismo local que hoy luce en la pared donde coloco nuestros pequeños recuerdos de los viajes en moto.



Cenamos, de regreso a Sintra, en un restaurante en el que paramos por casualidad pero resultó el broche perfecto para una tarde muy bella. Muy recomendable “Estalagem de Colares” en la N-247 (http://estalagemdecolares.pt/pt) . Al día siguiente visitamos con tranquilidad algunos lugares de Sintra recordando nuestra estancia años atrás. Sintra con su imponente sierra salpicada de palacios, iglesias y fincas, se extiende hasta el océano en verdes ondas; es un sitio privilegiado…con buen tiempo porque el invierno frío y sobre todo húmedo debe ser muy largo y duro. En 1995 fue declarada Paisaje Cultural de Patrimonio Mundial. El Palacio da Pena, máximo ejemplar de la arquitectura romántica portuguesa a unos 500 metros de altitud, el Castelo dos Mourus, fortaleza militar construida por los árabes en el siglo VIII y arrebatado a los moros por el primer rey de Portugal en 1147; la Quinta da Regaleira, la exhuberante residencia de veraneo de la famila Carvalho Monteiro cuyo diseño fue resultado de los sueños mítico-mágicos de su propietario y un testimonio de la época romántica. No podía faltar un paseo por las callejuelas de la Vila Viehla.

 









Por la tarde bajamos a la Villa de Cascais, durante mucho tiempo refugio de famosos, James Bond se alojó en el lujoso Palace Hotel. Hoy Cascais ha perdido peso como sitio de la “jet-set” pero sigue siendo la zona más cara de Portugal. A pesar de los malos tiempos que corren esta villa sigue teniendo “glamour”.

 



También nos acercamos a los acantilados de la Boca del Infierno, un lugar donde dicen que los poderes demoníacos son atraídos y obran con mayor violencia. Precisamente aquí un mago ocultista y adorador de la magia negra, Aleister Crowley, fingió su suicidio pidiéndole a su amigo, el escritor portugués Fernando Pessoa, que le ayudase contando a los medios de comunicación que Aleister había saltado al vacío desde los acantilados. Parece ser que el personaje en cuestión había tenido una fuerte discusión con su novia y para asustarla urdió el engaño llegando a dejar una nota: “No puedo vivir sin tí, la otra boca del infierno va a engullirme, aunque no será tan ardiente como la tuya”. Durante un tiempo circuló el rumor de su muerte pero lo cierto es que el extravagante mago abandonó Portugal dos días después del incidente. En cualquier caso es un lugar al que merece la pena acercarse…pero resulta demasiado turístico.

 





Remontamos la costa pasando por el Cabo da Raso, paraíso de los windsurfers, hasta el Cabo da Roca donde contemplamos la primera puesta de Sol del otoño. La tarde fue completamente diferente, nublada y con un viento tan fuerte que en algún momento pensé que tiraría la moto.

 







Después aprovechamos la poca luz que quedaba para llegar hasta Azenhas do Mar. Cuando llegamos no había nadie, todo estaba muy tranquilo en este pequeño pueblo encaramado en un saliente rocoso de la costa protuguesa. Tuvimos la fortuna de encontrar un lugar para cenar, de esos que a uno le gusta descubrir (www.azenhasdomar.com) . Un restaurante metido en la base del acantilado donde el comedor mira al mar desde tan cerca que en un día de fuerte oleaje debe impresionar estar frente al poderoso Atlántico.

 



Azenhas nos gustó tanto que decidimos volver a la mañana siguiente para hacer fotos con la luz del día y desde allí iniciar el regreso a Madrid. Todavía nos quedó tiempo para tomar un helado en la plaza del Palacio Nacional de Sintra antes de retirarnos a descansar. Esa noche llovió fuerte pero el domingo despertó con sol. No teníamos mucha prisa para meternos en la autopista hacia España así que desayunamos tranquilos, recogimos el equipaje y nos despedimos de los propietarios del Chalet Relogio agradeciéndoles su hospitalidad y pusimos dirección hacia Azenhas.

 



De día esta parte de la costa es muy panorámica, hay buenos miradores y el pueblo de Azenhas se asoma al océano desde una posición casi imposible sobre el acantilado. Luego bajamos costeando hasta Cascais disfrutando de la cercanía del Atlántico, de la brisa, de la buena mañana de un domingo del recién estrenado otoño, de conducir relajado.













Y de nuevo en ruta, rumbo a casa. Según avanzó la tarde la temperatura se volvió más fría, hizo más viento y algunas nubes grises amenazaron con dejar caer unas gotas de agua, estábamos en otoño.

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