Destino: Grecia en moto 1


Por Pablo Masip.

Esta ruta marca la forma más divertida de llegar a Grecia tomando todas las curvas posibles que se te puedan imaginar cruzando varios países (Francia, Italia, Austria, Eslovenia, Croacia, Bosnia, Serbia-Montenegro, Albania y Grecia).


19 de septiembre 2010.-

Quedo con Jesús en Empuriabrava para iniciar la ruta que nos llevará a través de puertos de montaña y grandes valles cruzando el arco alpino hasta las costas del Adriático para finalmente llegar a Grecia y hacer algo de turismo por el Peloponeso.
Seguimos la costa catalana hasta el último pueblo de nuestra geografía española donde pernoctamos tras estudiar los mapas en los que trazaremos la ruta a seguir.

20 de septiembre.-

Entramos en Francia por la carretera sinuosa de la costa hasta Perpignan. Los acantilados sobre el mediterráneo se suceden curva tras curva. La velocidad media de avance es muy pequeña y en Perpignan decidimos coger la autopista para avanzar hasta los Alpes. Nuestro objetivo es el Pueblo de Iseo que da nombre a su lago en los Alpes italianos. Por la noche y después de instalarnos en uno de los numerosos camping que bordean el lago nos damos un merecido y enriquecedor paseo por el boulevard de esta localidad. Pronto nos vamos al sobre algo nerviosos por emprender ruta de nuevo al día siguiente ya por los altos puertos alpinos.

21 de septiembre.-

Madrugón (sería ya la tónica para todo el viaje). Subimos costeando el lago de Iseo en busca de una pista que hice el año anterior en solitario, pero en compañía sabe doblemente mejor. La pista enlaza el valle del lago de Iseo con el del lago de Idrol. Este tramo off-road lo disfrutamos con unas vistas expléndidas de los dolomitas italianos.

Curva tras curva llegamos a los Dolomitas austriacos donde nos alojamos en uno de los numerosos hoteles moteros que hay por la zona.

22 de septiembre.-

Hoy toca el emblemático “Grossglockner”, tras el Mont Blanc, la segunda montaña mas alta de los Alpes, al medirse por altura relativa. Lugar de peregrinación de moteros de toda Europa y no es para menos, ya que su trazado y entorno bien merecen su visita. Es por ello que hay que pagar un peaje para poder acceder. Algo normal en casi todos los puertos austriacos que están considerados parques nacionales. Esto hace que estén exentos de mucho tráfico y la conducción por sus carreteras con perfecto asfalto sea lo más parecido a rodar por un circuito de alta montaña.

Fotos y más fotos después seguimos ruta hasta el pueblo de Bovec ya en los dolomitas Eslovenos. Encontramos un camping cerca del río en un profundo y gran valle. Mucho ambiente en el camping con numerosas fogatas durante toda la noche.


23 de septiembre.-

La noche ha sido fría y tras recoger buscamos un sitio donde desayunar bien y entrar en calor antes de emprender ruta. En una terraza buscamos los primeros rayos del Sol que asoman tras las imponentes cumbres alpinas. La ruta por Eslovenia es un regalo para los sentidos. Curvas y mas curvas por profundos valles siguiendo los cauces de los ríos hasta la frontera Croata.

Ya en Croacia buscamos la carretera costera que perfila el adriático. Mucho tráfico turístico que ralentiza un poco el ritmo y hace que los adelantamientos se sucedan uno tras otro. Es aquí cuando un policía croata me da el alto y tras pedirme toda la documentación me comunica que me tiene que multar porque he adelantado en línea continua. En un principio me niego y le digo que en ningún momento he rebasado la línea continua y responde cogiendo su moto y obligándome a seguirle (tiene toda mi documentación en su bolsillo) hasta el lugar donde “dice” que he rebasado la línea. Cuando veo el lugar me viene a la memoria el momento justo donde hice ese adelantamiento y ahora si que estoy convencido de que me incorporé en mi carril antes de la señal de prohibido y así se lo hago saber con una sonrisa. El policía que hasta ese momento ejercía su poder de una manera contundente me hace una mueca y me dice: “fifty euros”. Vuelvo a sonreír y le digo que no tengo dinero para él. En ese momento me da la sensación de que se desinfla y con la mirada y los hombros decaídos me devuelve la documentación y nos despedimos educadamente…

Después de la “anécdota” seguimos ruta por la costa hasta uno de los numerosos camping tipo Resort donde nos damos un gratificante baño en las calmadas aguas del adriático viendo como el sol se esconde en el horizonte.

24 de septiembre.-

La salida de Croacia se eterniza un poco por el denso tráfico que nos encontramos. Cerca de mediodía llegamos a la frontera con Serbia-Montenegro. Todo un descubrimiento este país que no es de justicia dedicarle solo una jornada. Las poblaciones prometen rincones perdidos, los paisajes se suceden y las playas de canto rodado invitan a un gratificante baño. Ascendemos por un puerto de montaña de vértigo que nos ralentiza por lo revirado de su trazado y por las continuas paradas para admirar sus panorámicas. Comienza a anochecer y resulta mas complicado de lo esperado encontrar algún camping donde pasar la noche. Finalmente encontramos una playa con un par de ellos donde acampamos ya de noche y nos quedamos con las ganas del gratificante baño en el mar tras la ruta del día.



25 de septiembre.-

Amanece lloviendo ligeramente. Recogemos todo y nos ponemos rumbo Albania. Nada más salir del camping tengo un par de sustos a causa del asfalto pulido como si de mármol se tratara y el agua. Solo sustos gracias al ABS que hace su trabajo y mantiene la verticalidad de la moto.

Cruzada la frontera con Albania comienzan las sorpresas. Este país es un caos que sumado al continuo aguacero hace de esta jornada la más complicada de todo el viaje. La idea de cruzar el país por su carretera principal se convierte en una aventura. Los primeros kilómetros nos muestra una carretera llena de escombros y basura en sus márgenes que va empeorando conforme nos acercamos a la capital. La lluvia no cesa y de repente el cuadro me indica que me he quedado sin ABS. No es una avería grave, pero después de que me haya salvado de dos posibles caídas no me hace gracia prescindir de él.

Cruzar Tirane se hace interminable por la cantidad de tráfico y el caos de la ciudad. Tapas de alcantarilla que brillan por su ausencia, maniobras agresivas que hacen que conducir a la defensiva no sirva de nada y el carácter agresivo de la mayoría de los conductores hacen de esta jornada un calvario. Cuando conseguimos salir de Tirane, por instinto más que otra cosa ya que las señales sencillamente no existen, nos encontramos con otro puerto de montaña interminable. A la lluvia ahora hay que sumar el frío que comienza a provocarme escalofríos y tiritonas. Cuando descendemos de las montañas el asfalto desaparece y los últimos kilómetros los hacemos por una carretera en construcción con infinidad de socavones que nos hace exprimir las bondades de nuestras maxitrail. En una ocasión me veo obligado a detenerme porque debido a los continuos baches el manillar se afloja. En otra ocasión Jesús desaparece dentro de un gigantesco charco volviendo a aparecer instantes después. La imagen resulta cómica una vez comprobado que no ha pasado nada grave. La ruta se eterniza pillándonos la noche y apurando los últimos litros de gasolina de nuestros depósitos sin encontrar gasolinera alguna, eso si, pozos petrolíferos unos cuantos a los márgenes de la carretera. Ya de noche llegamos a la frontera con Grecia y tras los oportunos papeleos nos dirigimos rumbo a Ioannina en búsqueda de un hotel para refugiarnos de la lluvia que todavía nos acompaña.

26 de septiembre.-

Hoy toca relax después de lo acontecido la jornada anterior. Nos levantamos pronto y disfrutamos de un paseo por la ciudad en búsqueda de algún sitio donde desayunar. Es un lujo ver un sitio turístico como este sin apenas gente por las calles. Conforme avanzan las horas. la ciudad toma vida y hacemos algo de turismo.

Por la tarde nos acercamos a Igoumenitsa para sacar los billetes del ferry que nos llevarán a Italia para emprender nuestro camino de regreso a casa. Esta ruta de apenas unos 80 km los disfrutamos por una carretera de curvas y asfalto seco que tanto añorábamos. Después de recoger nuestros billetes volvemos a Ioannina para descansar y emprender al día siguiente nuestra ruta dirección Peloponeso Griego.





27 de septiembre.- La aventura de Albania pasó factura a las pastillas de freno traseras de ambas motos. Jesús previsor llevaba un juego de recambio pero en mi caso no preveía un desgaste tan exagerado. Tras preguntar nos dirigimos a Patra, ya en el Peloponeso, donde hay un servicio oficial de bmw-motorrad. Una vez solventada la incidencia seguimos ruta hacia el este de la península.

Las autopistas griegas no son para nada el tipo de autopistas a las que estamos acostumbrados. Tras pagar en el peaje, lo que nos encontramos es una carretera de doble sentido donde los coches y camiones circulan invadiendo el arcén y dejando el centro de la calzada para los más rápidos independientemente del sentido que lleven. Siguiendo esta autopista llegamos hasta el famoso canal de Corinto que une el Mar Corinto con el Mar Egeo. Después de la oportuna foto nos dirigimos costeando la península por la vertiente del Mar Egeo hasta que encontramos un camping muy solitario donde pasamos una noche muy tranquila.

28 de septiembre.-

Dejamos de lado las costas y nos dirigimos hacia el interior buscando las ruinas de Esparta. De camino apuramos los depósitos de combustible y acabamos en una gasolinera de un simpático griego que nos cuenta las mil maravillas de su país y también de su camioneta VW del 74 que todavía utiliza a diario.

Llegamos a Esparta para comer y decidimos acampar por un par de noches aquí. Por la tarde hacemos ruta por la zona sur del Peloponeso. La península de Mani situada justo en el cono Sur de la península regala unas panorámicas de la puesta del sol mágicas. Es lo más parecido a estar en una de las famosas islas griegas.

Ya de noche nos damos un paseo por Esparta donde tampoco hay mucho que ver. Cena típicamente griega y un par de cervezas.









29 de septiembre.-

Jornada de descanso de moto. Visita a Mystra, ciudad fantasma creada después de la destrucción de Esparta por los francos que construyeron primero un fuerte en la cumbre del monte alrededor de cual fue tomando después forma la ciudad. Posteriormente estaría en manos de los bizantinos y gozaría de un gran momento artístico y cultural, después caería bajo dominio turco hacia 1460 para volver a renacer con la llegada de los venecianos, vuelta a tomar por los turcos y finalmente abandonada por sus habitantes después de la Guerra Civil.
Ascendemos hasta el castillo para admirar las ruinas desde arriba y aprovechamos la bajada para ir visitando todos los templos que se han conservado a pesar de los años gracias al fervor religioso.

La tarde la aprovechamos para hacer algo de bricolage en las motos, mandar e-mails, algún paseo más por Esparta…









30 de septiembre.-

Se puede decir que hoy comienza la vuelta a casa. Salimos de Esparta por una carretera de montaña muy revirada por el interior del Peloponeso hasta Patra. A partir de aquí la ruta se hace mas pesada por el continuo tráfico. Paramos en Itea a comer y cometemos el error de pedir pescado. En Grecia el pescado es caro y de mala calidad muy al contrario de lo que puede parecer por la cantidad de kilómetros de costa que tiene. Por lo menos el lugar que escogemos goza de unas vistas espléndidas del Mar de Corinto.

A pesar de lo relajante del entorno toca coger la moto de nuevo y seguir ruta hasta Meteora, donde acampamos a los pies de los monasterios colgantes. Pequeño paseo para quedarnos con ganas de profundizar más al día siguiente.



1 de octubre.-

Amanecemos con ganas de explorar los monasterios de Meteora suspendidos en cumbres rocosas de hasta 600 metros de altitud. Las vistas son impresionantes. Visitamos un par de ellos por dentro y el resto desde la carretera que los une. Aquí las fotos hablan por sí solas.
Ahora si que toca despedirse de todo esto y tomar rumbo Igoumenitsa para coger el ferry que nos llevará hasta Ancona en tierras Italianas. Tenemos suerte con el ferry y el camarote. Tras una cena en el restaurante del barco nos vamos a la discoteca para tomar unas cervezas.










2 de octubre.-

Nos despiertan para invitarnos a abandonar el camarote antes de llegar a Ancona. Ya en cubierta pasamos las últimas horas juntos recopilando las anécdotas del viaje. A las 14 horas desembarcamos y salimos del puerto buscando la autopista que nos llevará a casa.
Aquí damos por terminada esta ruta, ya que a partir de este punto solo nos queda coger autopista y dar gas para llegar a casa sin entretenernos en el camino. Otra ruta más que finaliza en este viaje interminable que seguirá en próximos capítulos.

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