Marruecos según Mc Bauman (III): De las dunas


Por Mc Bauman.

De las dunas

 KARRANDOU- MERZOUGA 185 kms

Qué cosa!
Montones de arena, no son más que montones de arena. ¿Habrá algo más simple en el mundo?
Entonces…¿Y los sudores fríos? ¿Y las palpitaciones? ¿Y la tensión?
¿Será la primavera? ¿Será el amor?
¿Serán los reportajes del Dakar? ¿ Los libros de viajes? ¿1000 fotos del desierto?
¿El ErgChebi tal vez?

Pero no nos saltemos kms y empecemos por el principio de los tiempos.
Indudablemente es mejor un día de viaje con la moto que un día trabajando. Casi nadie se lo ha planteado nunca pero yo sí y creo tener la explicación: cuando estás de viaje tienes tiempo para desayunar como una reina (y si no tienes tiempo da igual porque terminas desayunando como una reina). Y estas tribulaciones no son distintas en Marruecos.

Con el buche lleno los sacrificados viajeros siguen rumbo hacia el sur. El paisaje se torna desértico, todo parece un gran secarral como diría Manolito Gafotas, pero cuando menos te lo esperas, toma palmeral, y te topas allí en mitad de la tierra seca con palmerales de cuatro o cinco mil unidades, todas juntitas, arropando algún río generalmente, y el que no se lo crea que vaya a las Gargantas del Ziz, vuelva y nos lo cuente.
Me encantan las palmeras…







en uno de estos espectaculares parajes en los que paramos para intentar dar algo de envidia con las fotos pasó algo curioso. Llevaríamos sin duda unos 10 minutos parados en aquella tierra seca y nos dimos cuenta de que… ¡no había niños! No podía ser, no se había acercado ningún niño, de verdad que estábamos extrañados cuando de repente, a lo lejos vimos dos siluetas que se acercaban, poco a poco. ¿dos niños? NO, dos asturianos!!!
Los niños tardaron poco más en llegar y se fueron la mar de contentos con unos cuantos chupa-chups y poco a poco vimos cómo los pueblos que íbamos pasando cada vez tenían el nombre escrito con letras más pequeñas en nuestro plano: Errachidia, Erfoud, Rissini, Merzouga!!!! Pero cada vez eran más bonitos!




y poco a poco nos íbamos encontrando con más motos (muy pocas hasta este momento del viaje). Conocimos a unos endureros que habían bajado en coche y acababan de coger sus motos, sin maletas, sin bolsas, sin mochilas, sin mudas para una semana. Era otra forma de conocer el desierto. Pero estos alucinaron de lo lindo porque coincidimos 3 días con ellos, a donde ellos llegaban con sus deportivas motos, nosotros llegábamos (unas cuantas horas después) con nuestras pesadas monturas, aunque esto lo comentaré en el capítulo de mañana. También nos cruzamos con dos GSs, una 1200 y una 650 que no fueron especialmente simpáticos en el saludo. Qué equivocadas son, a veces, las primeras impresiones.
Después de dar rienda suelta al arte del regateo (cuánto dinero habré perdido, rayos), después de ver que una alfombra gigante cabe en cualquier moto, después del té, después de compartir cachimba, después de valorar nuestra amistad con un recién conocido (que conocía a mucha gente en Salamanca y en Ibiza, eso sí)después de todo esto, decía, aparecieron las primeras dunas. Una gran sonrisa, un grito de alegría y luego… silencio. Sólo se oía el ruido de nuestros boxers y… y el silencio. Cuando uno está viendo las dunas del ErgChebi, sin duda, puede escuchar el silencio.


Llegar al archiconocido albergue de Ali el Cojo no es tarea difícil. Llegamos, nos bañamos en la piscina y pedimos los camellos más fuertes y rápidos de las estribaciones del Sahara.
Bueno, pues entonces los que haya.

Y así, sin pensarlo, sin darnos cuenta, después de un malentendido entre Aron y BlackRider sobre quién debía ir montado en quién (menudo coscorrón, eh?)…


… cuando nos dimos cuenta estábamos a pies de la Gran Duna, de la hermosa Gran Duna, en una jaima, cenando, esperando que un millón de estrellas se asomaran desde el cielo para darnos la bienvenida al desierto de arena


pasar una noche en el desierto, rodeado de dunas de arenas doradas, casi naranjas, iluminado por la luna llena, es un regalo que los dioses han tardado en ofrecerme pero que no olvidaré jamás.

Seguro.Si estuviera en el cine querría que la película no terminara nunca…
Marruecos según Mc Bauman (III): De las dunas
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