Marruecos según Mc Bauman (IV): de los desiertos.


Por Mc Bauman.

De los desiertos

MERZOUGA-OUJRANE (no lo busques en el mapa)

179 kms

Aparecieron entre la oscuridad de la noche, como de la nada. Iban a lomos de dos dromedarios y se acomodaron para pernoctar en la jaima contigua a la nuestra. Llegaban desde el lejano Portugal, pilotando una GS 1200 y una GS 650 a través de las pistas y senderos más insospechados del Magreb. Habían subido a más de 3000 m, atravesado ríos, desafiado a la nieve, al barro… eran Elisa y Rui, dos viajeros mucho más auténticos que nosotros así que a partir de ese momento en el que nuestras rutas coincidieron en el tiempo, ellos pusieron los senderos y nosotros las burbujas.

Juntos pudimos disfrutar del placer de ver amanecer desde la Gran Duna, pudimos ver cómo el sol despuntaba por tierras argelinas para, en muy pocos minutos, desplomarse sobre nuestras cabezas ininterrumpidamente todo el día. La temperatura subía casi todos los días más de 10º en apenas una hora.

Allí arriba, después de dar rienda suelta a la mandíbula delante de un suculento desayuno asistí al único regateo que no le salió del todo bien a BlackRider:

Se acercaron unos niños de no más de 4 ó 5 años y pusieron en la arena su exposición de camellos y escorpiones de trapo. Rechulos. Les preguntó el precio y le contestaron- twenty.

– ¿Dirhams?

– Twenty.

– Uy, muy caro. Twenty dirhams por dos.

– Twenty.

– Nono, no puede ser. Five.

– Twenty.

Jaja, finalmente el niño se salió con la suya y se llevó los dos euros que pedía, aunque estoy seguro de que fue porque no le entendía o porque no sabía decir más números en inglés porque de lo contrario, con tal de no escuchar al ínclito negociador hubiera rebajado el precio. Así deja BlackRider de reventado a cualquiera .

Aquel día, cuando hubimos de retomar la motera marcha, BlackRider y yo discutimos largo y tendido sobre la conveniencia de continuar hasta Zagora por una preciosísima pista o por una aburrida carretera. Nos tiramos el secador y el televisor a la cabeza mientras exponíamos nuestros argumentos, pero tuvieron que ser nuestros amigos lusos los que pusieron paz en el conflicto: primero carretera y después pista, cuando ya era más sencilla y con la firme promesa de darnos la vuelta en cuanto pintaran bastos (promesa que todos sabíamos de antemano que no íbamos a cumplir). Y así volvimos a ser una pareja feliz

No llevaríamos 10 minutos pisteando cuando una de las jacas se tumbó sobre una maleta (la historia de esas maletas merece un relato aparte). Parada técnica, reparaciones de Pepe Gotera y Otilio, saludos a los niños que llegaron a saludarnos y nuevas negociaciones sobre el camino a seguir.

Un poquito más.

Segunda caída.

Parada técnica, reparaciones de Pepe Gotera y Otilio, saludos a los niños que llegaron a saludarnos y nuevas negociaciones sobre el camino a seguir.

Un poquito más.

Tercera caída.

Parada técnica, reparaciones de Pepe Gotera y Otilio, saludos a los niños que llegaron a saludarnos y nuevas negociaciones sobre el camino a seguir.

Y así…

El desierto entre Merzouga y Zagora es realmente espectacular. Además tuvimos la suerte de que, según nos dijeron sus habitantes, desde mayo del año pasado había llovido 4 veces de manera que gran parte del desierto estaba ¡¡¡¡verde!!!! Es algo digno de ver.

Y así, entre parajes espectaculares nos dimos cuenta de que se acercaba la hora del crepúsculo, de que estábamos en mitad de ningún sitio y de que ¡oh, horror!, la pista había desaparecido.

Cuando negociábamos si sacar las tiendas de campaña, y racionar el poquito agua que nos quedaba y los caramelos (mira que me dijo mi mamita que me llevara un bocata), apareció una luz en la oscuridad. Eran dos bereberes, con sus turbantes subidos en una honda de 125 cc que iba a toda leche por aquel terreno en el que alguno de nosotros 4 se caía cada 2 kms. Nos indicaron el camino a seguir, no tenía pérdida, por allí (ver cómo se orientan estos tíos en un lugar así es digno de elogio. Yo pensaba que nos vacilaban pero de eso nada). Debíamos estar a 20 minutos del cruce del que salía la pista que nos llevaría hasta Zagora.

Tardamos más de dos horas.

Y eso que los bereberes dieron un rodeo laaaaaargo en su ruta y se vinieron con nosotros pasa guiarnos, para ayudarnos a sacar nuestras monturas de la blanda arena y para acercarnos a una humilde pero acogedora kasba de un pueblecito al que había llegado la luz eléctrica este mismo año, OUJRANE.

Por supuesto, de llegar a Zagora esa misma noche, nada de nada.

Pilotar la moto sobre la arena del desierto con mis amigos, con la luna llena, y oliendo a flores es algo de lo que presumiré toda mi vida.

Ah, a que no sabéis quién estaba en esa kasba perdida?

Los 3 amigos endureros que habían racaneado llevar unas mudas en su moto, y todo por haber llegado hasta allí 6 ó 7 horas antes que nosotros, jaja. Parecía que estuvieran viendo 4 fantasmas cuando nos vieron entrar en el patio de la kasba.

Más de 12 horas para hacer 179 kms… prefiero no calcular la media aunque… ¡¡¡¡QUE NOS QUITEN LO BAILAO!!!!

Marruecos según Mc Bauman (IV): de los desiertos.
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