África en la mirada (IV): Tarfaya – El Barbas


Por Ankor Ramos.

Si la jornada de ayer resultó épica debido a las condiciones meteorológicas que tuvimos que soportar, la de hoy pasa a formar parte de mi historia como motero al haber supero con creces la mayor etapa jamás realizada…y es que hoy hemos cruzado prácticamente todo el Sáhara Occidental de una sola tacada cubriendo nada menos que 928 kms desde Tarfaya hasta el sitio de El Barbas a unos ochenta kms de la frontera mauritana.

Bien temprano Marcos toca diana, 6.30 en pie para el desayuno, preparar equipos y pertrechos y empezar a rular. No muy pasadas las 7 ya estábamos circulando por las afuera de Tarfaya. Salimos en dirección Laâyounne, pero primero nos desviamos para satisfacer nuestra curiosidad de ver cómo está embarrancado el buque Assalamá, de la Naviera Armas, que hasta hace un año cubría la ruta Puerto Cabras – Tarfaya. Apenas a unos dos kms del puerto y a no más de doscientos metros desde tierra firme se encuentra encallado el barco con todos los vehículos que portaba en el interior de sus bodegas. Una imagen dantesca y patética sobre todo teniendo en cuenta que el barco no ha sido retirado del lugar en un año desde el accidente y que tampoco ha sido repuesto el funcionamiento de la ruta.

222137_1844597608430_5291651_nTras tomar algunas fotografías partimos hacía Laâyounne. Esta mañana el viento sigue golpeando pero parece que su virulencia es algo menor que la soportada en la ruta anterior. En algunos puntos las motos se mueven ligeramente pero nada que dificulte en exceso la marcha. Entramos en el Sáhara Occidental por el pueblo de Tah en una frontera inexistente por la presencia de Marruecos en este territorio. Accedemos a Laâyounne por un oued convertido en presa que es vadeado por un estrecho puente.

Al entrar somos detenidos por la Gendermerie Royale en un primer control, tras cubrir los trámites pertinentes nos dejan continuar pero no nos da tiempo ni a cambiar de marcha cuando cincuenta metros más adelante nos detienen la fuerzas de la Surete Nationale y vuelta a empezar con todo el papeleo, que una vez superado nos permite entrar en la capital del Sáhara y del antiguo protectorado español. La presencia militar es abundante en toda la ciudad, se suceden los controles de policía y el tránsito de vehículos militares con pinturas de camuflaje. Entre toda esta opulencia de medios se observan algunos vehículos de las fuerzas de pacificación de las Naciones Unidas. En unas de las que debe ser de las misiones más antiguas que estén cubriendo los contingentes de la ONU….y menos provechosa quizás también.

africa-mirada-ivLos distintos cuerpos de policía nos detendrán posteriormente a la salida de Laâyounne, a la entra de Boujdour y a la entrada de Dakhla. Al final me ha dado por pensar que nos paran por curiosidad. Siempre efectúan las mismas preguntas que no difieren de las que te podría hacer cualquier persona de la calle y algo habitual por estos lares. Todos se muestran simpáticos cuando me identifico como agente de policía, les interesa mi rango en el cuerpo y a un policía de Boujdour esta tarde le preocupaba si yo daba muchos palos. Al menos eso entendimos por los gestos que hacía señalando hacía mi y agitando el brazo de arriba a abajo fuertemente.

La parte por la que entramos a la ciudad tiene pinta de barrio humilde con las casas nuevamente ordenadas tras la avenida de entrada y carente de acerado o cualquier tipo de infraestructura. Además las construcciones quedan bastante por debajo del nivel de la calle. Una vez nos adentramos hacía el centro se abren grandes avenidas en las que los laureles de indias sobreviven a duras penas, con más ramas secas que verdes, sometidos al implacable viento y a la sequedad del ambiente. En el centro, el habitual bullicio y descontrol de las ciudades marroquíes y la combinación de vehículos desvencijados con flamantes últimos modelos.

En la salida de Laâyounne vuelven a aparecer terrenos con dunas y también el viento formando esa incómoda e inseparable pareja. En los márgenes de una carretera con dos carriles por sentido las señales de tráfico son engullidas por la voracidad de las dunas que incluso se tragan la mitad de las torretas de tendido eléctrico. Más adelante una excavadora, sin ninguna señal que lo advierta más que el cuerpo de la propia máquina, se afana en la interminable tarea de portar la arena de un lado al otro de la carretera según el sentido en que bate el viento.

217377_1844598168444_1740147_nTomamos rumbo a Boujdour por una carretera que no es más que una línea negra en un inmenso páramo. Una llanura que se pierde en el horizonte y en el mar de la que sólo brotan algunas plantas que apenas se atreven a levantar un palmo del suelo. Es un paisaje muy poco atractivo y por demás cansino y monótono. Una vez visto un kms vistos los cien siguientes. En ocasiones el viento vuelve a golpearnos más cuando la carretera se arrima más a la línea de costa.

En Boujdour somos recibidos por dos grandes columnas adornadas con las figuras de dos avestruces y dos peces espada o atunes, que abren la corriente gran avenida que sirve de entrada a las poblaciones de más entidad del país. El control policial lo pasamos en el interior de un cuartucho de apenas 10 metros cuadrados en los que aparte de nosotros dos hay un militar aprovechando para merendar, un agente de la Surete Nationale uniformado y un señor de paisano, habitual en los controles, que porta una gorra como con unos rayos de colores sobre la visera. Imagen digna de un guión surrealista. Resulta curioso como te realizan preguntan y apuntan datos en cualquier papelucho que tengan a mano. Eso sin contar que las fichas con los datos las traemos hechas de casa y que en ocasiones te controlan el pasaporte sin que te hayas sacado el casco….profesionalidad.

Circulamos por una plataforma que constituye todo un llano que alcanza la costa, a veces formando un acantilado sobre el nivel del mar y en otras precipitándose sobre un llano sobre el que baten las olas. En las ocasiones que la carretera busca el mar algunos cortes nos permiten ver las impresionantes playas que formas la línea de costa. A unos 200 kms de Dakhla (léase Dajla) el paisaje cambia apareciendo unas elevaciones a modo de mesetas, cónicas o trapezoidales caprichosamente erosionadas por los elementos de la naturaleza. En momentos parece que circuláramos por la ruta 66. Estas formaciones obligan a que la fina línea de asfalto por la que rodamos tenga que hacer alguna que otra curva para esquivarlas. Nada del otro mundo, misma marcha y misma velocidad, pero al menos para cambiar la moto de un lado para el otro e intentar vencer el aburrimiento de tanta recta infinita.

Esporádicamente las dunas toman sitio junto a la carretera obligando a reducir la marcha. También el viento aparece de tanto en tanto convirtiendo cada adelantamiento a los grandes camiones en una especie de montaña rusa cuando superamos la cabeza del vehículo moviendo la moto de lado a lado.

En las afueras de Dakhla, antes de tomar el espigón sobre el que se asienta, decidimos seguir adelante en dirección Mauritania. Buscamos un sitio conocido como Elbarbas pero del que no tenemos localización exacta ya que lo conocemos por indicaciones de Frenchie pero no tenemos claro a que distancia de este punto en el que nos encontramos se sitúa. Hemos recorridos ya 660 kms, pero nos sentimos obligados a cubrir las etapas cuanto antes y más con el nuevo sufrido en la etapa a Tarfaya.

224658_1844304121093_507218_nEnvalentonados arrancamos la moto tras el último control de la Gendarmerie Nationale y nos dirigimos hacía no sabemos bien dónde. Luchamos contra el tiempo intentando no perder la luz del día. Este último tramo lo hacemos casi sin cruzarnos con ningún vehículo, ni que decir con personas y ni siquiera con lugares. Algunos paisajes son sobrecogedores. Cruzamos lo que parecen haber sido lagos de la última variación climática sucedida hace unos doce mil años aproximadamente. Hendiduras en la tierra con forma casi circular de decenas de metros de profundidad de la que, en algunos casos, emergen mesetas o conos a modo de islotes. Preciosos paisajes que merecen alguna que otra fotografía. También habrá parada obligada para el paso por el Trópico de Cáncer para la foto de recuerdo.

El sol vencido se hunde, rendido, por el horizonte, tragado por el mar que apaga su brillo como si de una antorcha se tratara. Rondan las 19.30 horas cuando el celeste del cielo se transforma en un azul oscuro previo paso al color negro más intenso en el  que destacan millones de luceros. Presos de la noche ya no queda más remedio que seguir nuestros ojos, intentando buscar en el horizonte las luces de nuestro destino de fin de etapa. Se hace rogar pero al fin, cuando han transcurrido 928 kms, alcanzamos victoriosos esta zona el lugar de destino, Una ciudad a escala con gasolinera, restaurante, mezquita, venta y hotel todo en apenas un trozo de terreno cercano a Mauritania lo que nos permitirá asaltar la frontera a primera hora de la mañana y bien fresquito para aguantar la burocracia del lugar.

Nos vemos en ruta…

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