África en la mirada (V): Nouakchott – Saint Louis


Por Ankor Ramos.

© Ankor Ramos

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Abandonamos Nouakchott para partir hacía la frontera con Senegal. Kms de calles infestadas de auténtica chatarra en un caos que asusta, los coches circulan por cualquier espacio posible al margen de la carretera o atravesando las ramblas de tierra y basura que jalonan su paso. La inexistencia real del Estado hace que no hay ni señales de tráfico o carteles informativos que indiquen en que dirección tienes que circular. Así que en cada cruce tienes que parar a preguntar a la gente que se apelotona junto a la carretera por dónde debes continuar.

Hacemos una parada en un banco del centro para cambia algo de dinero para repostar hasta la frontera. En seguida paramos la moto nos rodean de personas. Allí nos encontraremos con un motero polaco y su compañera que retornan desde Malí en una R1200GS Adventure cargada hasta los topes.

© Ankor Ramos

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Charlamos un rato y nos hacemos algunas fotos de rigor entre nosotros y con la tropa de espectadores que nos rodean. Quedan algo más de doscientos kms para la frontera. La carretera a medida que circulamos hacía el sur se va deteriorando a lo que se suman cantidad de animales con riesgo a que la crucen en cualquier momento. Cabras, burros y dromedarios impredecibles cuando emprenden huida antes nuestra presencia. También atravesamos poblados donde hay que reducir considerablemente la velocidad.

Los poblados abandonan la precariedad de las tablas de madera que eran comunes más al norte para pasar a estar construidos de bloques o adobe. Poblados próximos a la carretera en lo que las viviendas se encuentran más concentradas. A medida que seguimos hacía el sur los árboles empiezan a ganar en porte y verdor, aunque las ramas más próximas al suelo se ven sometidas a la voracidad de las cabras y burros del lugar.

Llegamos a la puertas de Rosso donde paramos para repostar antes de enfrentarnos a la pista que nos llevará a la frontera de Diamá. Todos aquellos que nos han transmitido su experiencia paso por el lugar nos recomiendan evitar el paso fronterizo de Rosso, utilizado por la mayoría de personas que cruzan por Mauritania desde el África negra y en el que la burocracia y corrupción típicas de Mauritania se aplican con rigor.

© Ankor Ramos

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Paramos a repostar mientras somos rodeados por un grupo considerable de lugareños. Forma parte del intento de despistar, timar y engañar tan frecuente en estos lares. En medio de todo el bullicio una persona uniformada, aunque no distingo a qué pertenece, nos pide la documentación. Al entragarla la comenta con otros que se encuentran allí sin ningún tipo de uniforme o identificación como policía. Todos participan del intento de hacer caer en la trampa a europeo despistado. Nos intentan llevar a Rosso aduciendo que en Diamá el agua no deja cruzar la pista. Sabemos a ciencia cierta que cuando se empeñan en convencerte de no ir a un lugar debemos indudablemente ir por ese lugar. El que porta uniforme nos dice que le sigamos a no sé qué del seguro. Por supuesto, nos negamos y le reclamamos nuestros pasaportes. Al ver nuestra rotunda negativa nos devuelve todo y se va.

Nos costó un rato encontrar la pista que desvía hacía Diamá. Todos los que te indican te intentan engañar y mentir. Incluso, nos dicen que la pista se halla a más de diez kms en dirección norte, cuando también sabemos que es mentira. Pero pareciera que todos participan del engaño. Al final conseguimos localizar la pista y emprender rumbo a Diamá.

Probablemente el paso de la pista equivalga en tiempo a cruzar la frontera por Rosso. La diferencia es que evitas un tanto los intentos de que pagues dinero y el estar tirados al sol en un lugar desapacible totalmente. La pista discurre por un paraje natural formado por unos sistemas de irrigación de aguas del río Senegal que entran tierra adentro para llevar agua a los cultivos. A la vez sirve de lugar para la vida salvaje de aves y de pastoreo de burros y vacas.

© Ankor Ramos

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No hay una sola pista sino que la misma se va bifurcando en varias a medida que se han tenido que evitar barrizales o arenales que han ido dejando caminos alternativos que nosotros también vamos eligiendo buscando el salir antes del paso.

Un lugar ideal para tomar fotografías y que en algunos instantes nos hace sentir como dos verdaderos aventureros en el medio del África, rodeados de una belleza natural difícil de describir y de una fauna de lo más variada. Completar los algo más de cien kms de pista nos llevará unas dos horas hasta que alcanzamos el puente sobre el río Senegal que nos dejará entrar en este país.

Somos las dos únicas personas que intentar cruzar la frontera de modo que no tendría que haber problema alguno en que el trámite fuera con normalidad. Sin embargo, aquí volvemos a topar con lo peor de Mauritania: sus cuerpos de seguridad (¿?). Al pasar los trámites de control de personas, los militares se empeñan en que debemos pagar 10€ por pasaporte. Pedimos explicaciones que, por supuesto, no existen y en consecuencia nos negamos a pagar dinero alguno. No money, no money es nuestra única respuesta. Una vez que ven que nos plantamos nos dejan seguir.

© Ankor Ramos

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Pero todavía que el paso de aduana donde declaramos las motos y aquí nos vuelven a exigir la tasa única de 10€ para el paso de cada vehículo. Vuelta a empezar con todo. Nosotros nos negamos y ellos nos presionan….pero acaban por pasar de nosotros, levantan la barrera y nos permiten cruzar a Senegal.

No más de cien metros de puente nos llevan al otro puesto fronterizo. Como todo lo malo se ve que se contagia, aquí el policía de fronteras que nos tiene que sellar el pasaporte también pretende aplicar el cobro de los famosos 10€, que se ve que debe ser la tasa internacional de la corrupción. Nos negamos por enésima vez hasta que el policía empieza a no compensarle tener problemas con dos ciudadanos en la frontera y cumple con su obligación de sellar el documento.

Estamos en Senegal pero los trámites corrupto-burocráticos nos han ralentizado mucho. La cantidad de animales que deambulan junto a la carretera indican que no es aconsejable circular de noche, así que decidimos hacer noche en Sant Louis. Ciudad que nos recibe con el habitual caos de tráfico y unas largas colas para acceder al puente de Faidherbe. Colorismo por doquier. Las guaguas, los taxis, los puestos de venta e, incluso, las ropas de la gente son una auténtica explosión de colores.

Saint Louis es una isla atrapada entre el agua del Oceáno Atlántico y el río Senegal que discurre desde el centro del continente para morir en ese mar. Capital de las antiguas posesiones francesas en el África Occidental, lugar de tránsito de personas para ser convertidas en esclavos en las plantaciones de América. Su arquitectura denota su pasado de riqueza y la riqueza de quienes la habitaron. Calles estrechas, jardines y patios interiores llenos de frescor y luz.

Nos hospedamos en un Aubergue de precio razonable en el que podemos dejar las motos en un cobertizo que tiene contiguo. De inmediato somos presa de varios guías que ofrecen sus servicios, al final tenemos que hacernos con uno.

© Ankor Ramos

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No tanto porque vayamos ha hacer ninguna ruta turística del lugar sino para evitar que nos sigan incordiando otros candidatos a guía. Tras una reconfortante ducha para quitar toda la tierra que hemos tragado en Diamá bajamos a la calle donde nuestro guía nos acompaña a tomar unas cervezas. Algo de agradecer y que en Senegal es posible por la laicidad del Estado a pesar de la mayoría de religiosidad musulmana. Cambiamos dinero en el lugar oficial de cambio, como reza el cartel exterior, aunque se trate de una venta de cualquier barrio de nuestros pueblos. Curiosidades africanas.

Desgraciadamente no todo es tan bueno en Saint Louis. La pobreza está patente en sus calles, con decenas de niños vestidos con harapos y sucios que corretean detrás de cada turista en busca de una limosna. Es una visión dura con la que contábamos de antemano pero que aún así hace mucho daño.

Tras un corto paseo por las calles de Saint Louis en compañía del guía “adoptado” con un clima perfecto nos dirigimos al hotel para a la mañana siguiente llegar a nuestro destino definitivo.

Nos vemos en ruta….
© De las imágenes y el texto original: Ankor Ramos.

La serie África en la mirada

África en la mirada (V): Nouakchott – Saint Louis
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