Outer Hebrides 2011 (II).


Por José Ramón Noguerol. (© de las fotografía y el texto: José Ramón Noguerol)

En Gran Bretaña

El desembarco en Gran Bretaña es rápido y casi nada más salir del tren ya estás circulando por la autovía, por la izquierda. Esta noche me alojaré en casa de unos buenos amigos, Mónica y John, que viven en Henham, una pequeña localidad típica del campo inglés y a unos 40 km de Londres. Henham estaba además en la ruta que seguría al día siguiente hasta Edimburgo. El camino desde la terminal del tren hasta mi destino me pareció sencillo de seguir así que no programé el GPS, más que nada por pereza y como en Inglaterra hay que retrasar los relojes una hora calculé que llegaría a Henham a media tarde. Confiando en mis buenas dotes de orientación conseguí perderme  y me ví metido en el tráfico de los alrededores de Londres. Tocado en mi orgullo me negué a conectar el GPS pero como no sabía donde estaba tuve que preguntar a varias personas cómo salir de allí. Debía ser tan complicado tomar el buen camino que nadie acertaba a señalarme por dónde ir menos mal que paró un mensajero que ya se recogía después de su jornada de trabajo y después de explicarle a dónde quería llegar me indicó que le siguiese y callejeando con rapidez y mucha habilidad me dejó junto a la autovía que debía seguir.

Mientras circulaba rápido hacia Henham pensaba que si huibiese utilizado el GPS me habría perdido toda esta historia, una manera sencilla de justificar mi tozudez y no enfadarme mucho conmigo mismo; es la ventaja de ir solo, no tienes que dar explicaciones a nadie. No volví a perderme el resto del camino.

Llegué a casa de mis amigos una hora y media más tarde de lo previsto pero mi entrada fue triunfal. Salieron a recibirme muy contentos, ella guapísma, con un elegante vestido y él de smoking. ¡Caray, menuda bienvenida!. Pocos segundos duró mi sorpresa al enterarme de que el motivo de su aspecto era que debían asistir a una cena de gala con un fin benéfico que merece la pena contar: “Los vecinos de Henham organizaban el evento para recaudar fondos destinados a los soldados británicos mutilados durante la misión en Afganistán. Todos los asistentes pagaban su cena y aportaban objetos con un valor especial para que fueran subastados durante la noche. Según me contó Mónica, también llegaron a subastar de una forma elegantemente británica a los jóvenes oficiales que habían acudido a la gala. Los oficiales premiaron a las damas que pujaron por ellos con unos inolvidables bailes.

Mientras mis amigos cenaban fuera yo disfruté de una agradable velada con el padre de Mónica, Vincenzo que me preparó un riquísmo risotto acompañado de ensalada y peperoni. Una deliciosa cena en la que no podía faltar un buen vino que mi anfitrión había elegido para la ocasión. Vincenzo es de Milán y cuando se quedó viudo, hace un par de años, se vino para Inglaterra a vivir con su hija. El no habla inglés ni castellano y yo no hablo italiano pero creo que la cena y el vino hicieron su efecto y pasamos un buen rato charlando.

Camino de Edimburgo

Al día siguiente me levanté temprano después de un sueño reparardor. En la cocina me esperaba un apetitoso desayuno inglés, que resultó ser la única comida abundante que hice ese día.

Mónica comentó que algunas señoras habían preguntado durante la cena por Vincenzo; el se rió, señal de que sabía de que iba la historia; a pesar de no controlar la lengua inglesa este maduro italiano tenía ya su círculo de admiradoras entre las damas de Henham. Para aumentar su leyenda se había comprado una Honda 200 que utilizaba para desplazarse por la zona. Estoy seguro que alguna dama ya se ha dado un paseo por la campiña inglesa en moto con Vincenzo….por un monento me acordé de los anuncios del Martini.

A pesar de tan agradable compañía tenía que partir pues aún me quedaba por delante otra larga jornada de moto hasta Edimburgo así que en loor de multitudes puso rumbo a Escocia.

Tracé la ruta para pasar por Carlisle, cerca de la Hadrian´s Wall y alcanzar Edimburgo por la Border Historic Route (A7).

Hacía buen día y la temperatura para ir en moto era ideal. La A7 no defraudó y disfruté mucho pìlotando por aquella carretera escocesa que atraviesa parajes y pueblos muy bellos como Hawick, “la tierra del cashmere” y Selkirk, donde el escocés William Wallace, uno de los líderes durante la Guerra de Independencia escocesa, fue declarado Guardián del Reino de Escocia con el apoyo de los nobles y el clero. La película de Mel Gibson, Braveheart, relata muy bien  la leyenda de Wallace. Yo, en mi viaje, estaba atravesando los territorios históricos de la frontera escocesa.

Border Historic Route

Border Historic Route

 

Braveheart

Braveheart

Outer Hébrides

Outer Hébrides

 

Tardé unas nueve horas y media en recorrer los 650 km que separan Henham de Edimburgo. Localicé el hotel, el Best Western (52 libras/hab. doble), sin dificultad. Este alojamiento lo había reservado por Internet desde Madrid a través de la página de Ryanair. El hotel, moderno y confortable, no está lejos del aeropuerto y en una tranquila zona residencial. Tuve tiempo suficiente para descargar la moto, ducharme, reorganizar el equipaje pues llevaba el equipo de Reyes y descansar un buen rato disfrutando de taza de té que me tomé en la habitación gracias a la buena costumbre de dejar un servicio de bienvenida para que puedas prepararte una bebida caliente a tu llegada, detalle que encontramos en todos los B&B donde nos alojamos.

Llegar al aeropuerto fue sencillo, estaba bien indicado, así que tardé menos de lo calculado. Aproveché para dar una vuelta por la terminal y cenar un bocadillo caliente y una cerveza. La verdad es que tenía hambre pues durante el viaje sólo había tomado un par de plátanos y agua. No es que siga una dieta personalizada para hacer grandes viajes, la explicación es que viajando en moto no me apetece comer al mediodía, prefiero desayunar fuerte, tomar algo ligero durante la ruta y beber agua. Luego la cena sí puede ser más “reparadora”.

Mientras esperaba el avión de Ryanair se me ocurrió utilizar unos de los puestos de Internet que había distribuidos por la terminal. Contesté algunos correos personales y lo mejor de todo, entré en el foro de BMW MOTOS, sección Consultas Técnia y pedí ayuda para tratar de solucionar el tema de la alarma, no era cuestión de embarcarme en los ferries y estar apagándola contínuamente. La respuesta no tardó en llegar, siempre hay alguien conectado y dispuesto a intervenir. Con las indicaciones que me dieron conseguí dejar la alarma en “modo trasnporte”, justo lo que necesitaba…Internet.

El vuelo llegó puntual. Después de tres días de mi partida de Madrid estábamos juntos en Edimburgo y al día siguiente dormiríamos en la pequeña isla de Barra, en las Hébridas.

Oban

Nos despertamos pronto ayudados por las ganas de viajar y por la luz que desde tempranas horas del día aparece sobre estas latitudes. Decidimos no desayunar en el hotel porque pagar 12 libras cada uno nos pareció excesivo, seguro que encontraríamos un local cercano donde poder desayunar un buen “scottish breakfast”. Así fue y por 8 libras desayunamos los dos espléndidamente.

La ruta del día nos llevaría hasta Oban, a unos 230 km;  la única condición que teníamos era llegar antes de las 15:00 para embarcar en el ferry con destino a Castelbay, principal población de la isla de Barra. Salimos a las 9:00 de Edimburgo y teníamos toda la mañana para realizar un itinerario que tenía muy buena pinta.

Subimos por Stirling para dirigirnos hacia el Trossachs National Park y remontar el lago más grande en superficie de Escocia, Loch Lomond, con 23 millas de largo por 5 de ancho. Este lago es el epítome del esplendor paisajístico de Escocia gracias en parte a la balada que cariñosamente se refiere a él: “bonnie, bonnie banks” . La canción, dicen que es de un prisionero jacobita capturado por los ingleses y que seguro de su destino escribió que él volvería a Escocia mucho más rápido, como espíritu, que sus compatriotas vivos. Loch Lomond es la pieza central del Trossachs, un territorio de boscosas cañadas, lagos y cumbres donde sir Walter Scott situó las andanzas del héroe local, Rob Roy del clan de los MacGregor.

Trossachs National Park

Trossachs National Park

Llegamos a Oban con tiempo para confirmar nuestros billetes en la terminal de la compañía Calmac; luego dimos un agradable paseo por este “resort” victoriano. La localidad presentaba un aspecto muy animado y como hacía buen día nos compramos un par de raciones de “fish and chips” de las que dimos buena cuenta frente al mar esperando la hora de partir hacia las Hébridas.

El embarque fue puntual y rápido; siguiendo las indicaciones del personal colocamos la moto en una esquina de la proa del ferry y la sujetaron perfectamente con una eslinga que abrazó con firmeza a la BMW por la zona del asiento del conductor, por un momento creí que se iba a partir en dos, hecho que afortunadamente no llegó a ocurrir.

 

Oban

Oban

Servicio personalizado

Servicio personalizado

La única moto embarcada

La única moto embarcada

El ferry zarpó del puerto a la hora prevista y con los primeros vaivenes empezó un espectáculo de luz y sonido que nunca hubiera imaginado; las alarmas de muchos coches comenzaron a sonar, cuando terminaban unas seguían las otras y resultaba cómico ver cómo los dueños salían corriendo a cubierta para intentar atajar la algarabía apuntando con sus mandos “a distancia” a los escandalosos vehículos. Mientras todo aquello ocurría nuestra BMW, la única moto del ferry, permanecía callada, menos mal que yo había solucionado el problema el día anterior…Internet.

Teníamos por delante unas 5 horas de travesía y aprovechamos para curiosear por el barco, disfrutar de la navegación en cubierta, hacer fotos, repasar la guía del viaje y dormir un poco. Cenamos a bordo a eso de las 19:00 ya que llegaríamos hacia las 20:30 y como bien nos previno la dueña del B&B donde pasaríamos la noche, sería muy difícil a esas horas encontrar un sitio para tomar algo.

En la Hébridas

Mas de 200 islas constituyen el archipiélago de las Hébridas pero solo unas pocas están habitadas, uno de los últimos lugares desiertos que quedan en Gran Bretaña. Dicen que aquí puedes respirar uno de los aires más limpios de Europa y disfrutar de algo que cada vez es más difícil de encontrar: paz y tranquilidad.

Soledad, paz y tranqulidad es lo que vino buscando la dueña del B&B donde pasamos nuestra primera noche en las islas. Penélope Migdleton vivía en Londres donde regentaba un pequeño restaurante, pero a medida que pasaba el tiempo le resultaba icómodo e ingrato el trato con los clientes y decidió dar un giro a su vida, reinventarse. Hace doce años encargó a una agencia inmobiliaria que le buscase una casa en un lugar tranquilo y aislado. Vendió su apartamento londinense y se compró “Cuitir House”, una antigua casa de campo de más de 100 años, en la pequeña isla de Barra. La casa reunía todo lo que andaba buscando. Acondicionó y decoró la vivienda a su gusto haciéndola muy acogedora para recibir huéspedes como B&B y se reservó una parte privada de la casa para sí misma.

Cuitir House está al pie de la carretera que circunvala la isla y no fue difícil de encontrar con las indicaciones que Penélope nos dio a través de los correos que intercambiamos al reservar el alojamiento desde Madrid…Internet.

Su recibimiento fue muy cálido. Casi al mismo tiempo que nosotros llegó una pareja de ingleses que ocuparon una de las tres habitaciones de las que dispone la casa y la reunión de viajeros se animó, ni que decir tiene que nuestro viaje fue el tema principal, éramos los primeros españoles que se alojaban en la casa y si añadimos el dato de que íbamos en nuestra moto la singularidad del hecho era aún más notable.

Las habitaciones compartían baño pero todo era tan amable que tenías la sensación de estar en casa de un amigo; como es habitual en estos casos hay un pequeño lavabo en el dormitorio y por supuesto, disponíamos del servicio de bienvenida para preparar una bebida caliente y tomar unas galletas. Nos servimos un chocolate, que nos supo delicioso, sentados junto a nuestra ventana mirando el paisaje.

Castlebay, Isla de Barra

Castlebay, Isla de Barra

Kisimul Castle, Isla de Barra

Kisimul Castle, Isla de Barra

Bienvenidos a Las Hébridas

Bienvenidos a Las Hébridas

Cuitir House, Isla de Barra

Cuitir House, Isla de Barra

Penélope nos recomendó que diésemos un paseo hasta una playa cercana y aunque eran casi las once de la noche había suficiente luz. Caminamos un rato por la solitaria carretera hasta encontrar una senda que atravesaba una páramo de hierba y se dirigía hacia el mar. Unos metros más adelante, tras unas dunas, apareció ante nostros una bellísma playa de arena muy blanca. Y allí estábamos los dos, sentados frente al Atlántico, completamente solos, a las once y media de la noche de un día que se resistía a terminar… “Find your own perfect beach in Western Isles”

 

 

Al día siguiente debíamos coger un pequeño ferry que nos dejaría en la isla de Eriskay desde la que subiríamos hacia el norte atravesando las islas de South Uist, Benbecula y North Uist. El barco salía a las 11:10 y queríamos dar antes una vuelta por Barra. A las 8:00 teníamos preparado un completo desayuno en el salón para huéspedes de la casa. El pan y los yogures eran caseros y estaban riquísimos. La despedida de Cuitir House fue tan cálida como la llegada.

Cuitir House

Cuitir House

Kisimul Castle

Kisimul Castle

Bahía de Castlebay

Bahía de Castlebay

Barra tiene unas 4 millas de ancho y unas 8 millas de largo, es como la reproducción en miniatura de esta islas, tiene playas de dorada arena rodeadas de verdes prados y antiguas montañas, cultura gaélica una tranquila población católica, por lo visto se olvidaron de ella cuando llegó el protestantismo en el siglo XVI. Como un pequeño estado feudal fue gobernada durante siglos con relativa benevolencia por el clan MacNeil. Sin embargo la isla fue vendida en 1838 al coronel Gordon de Cluny quien también había comprado Benbecula, South Uist y Eriskay. El coronel tildó a los hambrientos agricultores de “desocupados” y propuso convertir Barra en una colonia penal. El gobierno rehusó y el coronel hizo venir a la policía llevándose a cabo una de las más crueles expropiaciones realizadas en la Hébridas.

En 1937, Robert MacNeil, un arquitecto americano, recompró la mayor parte de la isla y se convirtió en el 45 jefe del clan MacNeil. En el año 2003 donó al gobierno escocés sus posesiones por el simbólico precio de 1 libra/año y una botella de buen whisky. El castillo de Kisimul, construido por los MacNeil en el siglo XI, es la única fortaleza medieval que queda en la Hébridas y recuerda el dominio del clan en estas tierras. Cuando el descendiente de los Mac Neil compró parte de la isla lo restauró y hoy en día, situado a la entrada de la bahía de Castelbay, da la bienvenida a los viajeros.

Barra cuenta también con un pequeño aeropuerto donde los aviones utilizan la playa de Tráigh Mhór para aterrizar; hay otros lugares del planeta donde sucede lo mismo pero éste es el único del mundo que tiene vuelos regulares, un entretenido acontecimiento cuando la marea lo permite.

Eriskay

Eriskay

Kilbride, South Uist

Kilbride, South Uist

Continuará….

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