África en la mirada (VIII): Louly Bentegné – Saint Louis.


Por Ankor Ramos. (© de las fotografía y el texto: Ankor Ramos)

África en la mirada

África en la mirada

 

Despertamos en Backombel donde hemos tenido estacionado nuestro cuartel de campaña durante nuestra estancia en Senegal. Tenemos que esperar un rato a que Mario venga a por nosotros para llevarnos a Louly donde tenemos las motos y algunas de nuestras cosas. Tras recoger todo y preparar las motos, salimos del dispensario para recorrer los escasos metros hasta el poblado para hacernos una foto de grupo con los niños que hemos estado tratando estos días.

Es un momento muy emotivo, rodeados de estas preciosidades de criaturas, todo bondad y simpatía que te regalan una sonrisa y una buena cara cada día.

sonrisaNunca he servido para estas cosas, no soy una persona fuerte para estos menesteres y los niños especialmente me pueden. Loles me pide que suba a un niño afectado por poliomielitis a la moto que le hace ilusión. Debe haber sido de las cosas más fuertes que he hecho en esta vida. Algo que ayuda a comprender el valor de aquellos que tienen vocación por ayudar a estas personas. Tras la foto no pude resistir que las lágrimas poblaran mis ojos ante la abierta sonrisa de este niño.

Me tengo que poner el casco para evitar que los enanos me vean llorar pero no puedo evitarlo…..soy débil. Debemos partir, regresar a casa, dejando atrás la que ha sido nuestra durante algunos días. Donde nos han tratado como si fuéramos su familia, nos han sentado a su mesa y nos han dado de comer de lo suyo. Muchos de los que tienen no son tan generosos como estas personas con lo poco que atesoran.

Los siguientes kms los paso sin fijarme en nada, el paisaje ni el entorno son como invisibles para mi. Mi mente sigue aún en Louly Bentegné, rodeada de aquellos niños de radiante sonrisa. Espero que lo poco que hayamos podido hacer les ayude para mejorar sus vidas y permitirles tener menos obstáculos de los muchos con los que deberán crecer.

El Lago Rosa es nuestro destino y las motos marchan rumbo a Dakar. El caos de tráfico y las interminables colas parecen no distinguir ni los días de fiesta. Los domingos son iguales a los lunes, camiones cargados para todos lados, mercados a borde de la carretera y gente por todas partes.

Intentamos como podemos ir saltando la hilera de coches, car rapids y camiones que pueblan la carretera como hormigas hacía el hormiguero. No hay ninguna señalización que indique por donde tomar hacía el lago, así que debemos ir preguntando a los lugareños. A veces esta opción es un poco contradictoria porque pareciera que uno cuando está medio perdido siempre opta por preguntar al más tonto del pueblo. Asi todo conseguimos dar con el lago, a través de unas carreteras que en su día estuvieron asfaltadas pero que ahora en muchos tramos se encuentran totalmente arenadas haciendo que la conducción con las GS sea muy complicada.

Sabemos que vamos por el buen camino porque nos precede una furgoneta llena de extranjeros sonrosaditos buena señal a la que se suma que nos cruzamos con una moto de esas naranjas que dice José Marí que son de verdad: una Ktm.

la barcaAlcanzamos el Lago, que en verdad es rosado. Paramos las motos para las fotos respectivas del lugar. En realidad hemos hecho este camino que tendremos que desandar sólo por hacer una foto para presumir. No llevamos ni dos minutos parados cuando empiezan a surgir del lugar bellas muchachas portando unas cestas en la cabeza con souvenirs. En nada estamos rodeados, hasta uno que viene tan deprisa que casi se nos mata allí mismo con su vespino con pegata de BMW que trae cuadros de arena. Ahí mismo montamos una bolsa que ni el Nasdac donde cambiamos y compramos de todo. Chocolatinas por cuernos de vaca decorados, camisetas por pedruscos de no sé qué mineral, collares, pulseras….vamos que llevo un catálogo de bisutería en la moto.

Al rato aparecen tres moteros a bordo de unas DR vestidos como si de caballeros medievales se tratará salvo que sus armaduras son de plástico. Un momento de distracción para los vendedores, cambistas que nos acosan….pero dura poco. Al final tenemos que emprender la huida del lugar ante el riesgo de tener que montar un negocio de artesanía en xixón.

horizonteVuelta a tomar la horrible carretera de antes, algo menos llena de coches que antes con más ondulaciones que un dromedario y aunque es recta parece que el que la trazó hubiera bebido porque tiene unos zig zags inexplicables.

Hay que llegar al cruce y seguir hasta Thies. El calor aprieta una barbaridad, así que aprovechamos una rotonda de Thies para parar la moto y refrescarnos un fisco. Sabíamos del aire fresco que corre por ahí desde la bajada que nos paramos en el mismo lugar.

Mientras estamos ahí plantados comentando nuestras cosas se nos aparece un coche con dos naturales y un blanco….que resulta ser de Xixón….el mundo es un pañuelo pero de verdad. Para más inri uno de los naturales es de Oviedo pero hace patria astur cuando juega el Sporting. Tras un ratito de conversación el tal señor Celso de la tienda de tejidos y la chatarra de Avilés se marcha del lugar.

Tiramos de seguido para Saint Louis ya que está parte la hicimos a la bajada y tenemos ganas de sentar el culo en algo más cómodo que la GS.

Tantas ganas tengo de llegar que se me pasa la última gasolinera y a unos 20 kms de la meta me quedo tirado como un bobo obligando a Marcos a tener que ir a buscar algo de gasofa hasta la ciudad.

soloEstoy en el medio de la nada, un paisaje de sabana y el crepúsculo que se aproxima, algún arbusto y poco más. Voy hasta la moto a coge la cámara y cuando me doy la vuelta tengo detrás un niño y un burro. Cosas de África donde las cosas y las personas parecen brotar del suelo. El niño me mira, para romper el hielo le pregunto como se llama y me dice que “mba”. Por cortesía también le pregunto por el nombre del burro que también está allí el colega. La contestación: “mba”. Total que el pibito se llama igual que el burro o tenemos un problema de comunicación.

Al rato aparecen otros dos enanos que cortaban palos para leña por el lugar y se suman al grupo. Total que la moto está parada al borde de la carretera yo sentado debajo de un árbol, el colega con el burro, otro carga los palos y el último con un machete. Pedazo de cuadro. Todos allí sin hablar nada ante la dificultad idiomática esperando a que Marcos regresara con la gasolina.

Surrealismo a la senegalesa.

Con apenas litro y medio más de gasolina llego hasta Saint Louis donde nada más aparcar la moto en la puerta del hotel nos espera nuestro guía adoptado, Ismail. Que por su premura en aparecer cualquiera diría que lleva parado en el puente desde que nos marchamos a Louly.

Marcos también está triste hoy, mañana tiene que volver a lidiar con la guardia de fronteras mauritana y hoy se tomó la última Gazelle y eso si que le puede.

Nos vemos en ruta….

África en la mirada (VIII): Louly Bentegné – Saint Louis.
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