África en la mirada (IX): Saint Louis – Nouakchott.


Por Ankor Ramos. (© de las fotografía y el texto: Ankor Ramos)

(c) Ankor Ramos

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Dicen que algunos días es mejor no levantarse de la cama….hoy bien podría haber sido uno de esos días. Pero había que levantarse y tirar camino que casa aún está lejos y hay que volver. Esto es África y aquí de poco vale hacer planes para cada día. Aún así cada mañana manecemos con una planificación de horarios, kms a recorrer y ciudades de destino….pero todo da igual, aunque hayas pensado en algunos imprevistos. Siempre surgirán otros con los que no contabas, incluso, algunos tan disparatados como los de hoy.

A eso de las 8.30 estamos en la frontera de Diamá. No hay más cola que la que forman nuestras motos. Me encargo yo del papeleo. Los puestos de frontera en estos lares son un tanto curiosos. Se trata de un habitáculo más bien pequeño donde el encargado del puesto tiene un camastro y donde se hace de comer. Por lo que es fácil encontrarlo tirado en la cama o papeando cuando vas a dar con él. Esta vez, tempranito el agente está tomando el té. Estoy antes pero el señor mauritano se me adelanta porque el da un billete después del trámite, yo prefiero esperar. Me cuña los pasaportes con celeridad inusual…..esto marcha!

Me dirijo al puesto de aduana, está el mismo chaval que no aparenta más de 18 años cumplidos que me atendió a la entrada. Realiza los trámites de la moto y termina con un “ok”. Claro, esto no era normal. Algo raro tenía que ocurrir. Subimos nosotros mismos la primera barrera y nos encaminamos a la segunda que ya da entrada al puente que une ambas orillas del Río Senegal y que sirven de frontera natural entre Mauritania y Senegal.

Entonces se nos planta un señor con gafas de sol horteras, vaqueros, camisa azul y gorrita del xacobeo, todo un cuadro, y nos exige el pago de no sé qué tasa para la que nos da un ticket sin ningún tipo de timbre o sello oficial y cuya recaudación dormirá en sus bolsillos tras reparto con sus secuaces.

(c) Ankor Ramos

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Evidentemente nos negamos a pagar, le decimos que los pasaportes están sellados y que nos abra. Se niega e, incluso, pone un candado a la barrera. A todo esto el gendarme acepta el rollo porque también tiene división en la tarta de la corrupción.

Llamamos a la Embajada en Madrid y tras un cuarto de hora no queda más que pagar. Son los mismos que ignoraron el proyecto que les presentamos y que hemos cumplido sin ningún tipo de ayuda oficial…que se va a esperar.

Durante todo este largo intervalo el cobrador se ha rodeado de una panda de señores que portan un mono de trabajo como único uniforme. Se ve que el trabajo es poco y hay que asaltar los pocos turistas que usan este paso fronterizo que los colegas de Rosso se están forrando. Uno de ellos grita constamente: “españolita, españolita” mientras mete el dedo anular de una mano en el círculo formado por el anular y el pulgar de la otra. Mientras el resto del coro otorga risas y aplausos al bufón.

Pasan los minutos y al final, tras la fantástica gestión de la embajada, pagamos para que nos abran la barrera. Tomamos las motos y cruzamos el puente para llegar al lado mauritano donde debemos repetir los trámites, cuando nos damos cuenta que los del circo de antes nos persiguen subidos en un Toyota Hilux (ER 466 IT) hasta la puerta del puesto de frontera mauritano donde intentan agredirnos. Aquel gendarme que tenía problemas para dejar pasar a dos ciudadanos con su documentación en regla no tuvo reparos en dejar pasar a una jauría de perros para que nos mordiera…..cosas.

Los agentes mauritanos salen en nuestra protección y nos meten en el interior del garito. Su jefe, que como se las gastan aquí con esas cosas, mañana podría ser Jefe del Estado se mostraba indignado ante los payasos del mono azul. En un momento dado, en aquel cuarto de apenas tres por tres metros –espacio al que hay que reducir la mesa del jefe – nos encontramos nosotros dos, el jefe, los cuatro del circo de los payasos, dos jefes de la frontera senegalesa que han mandado a venir y dos guardias de la gendarmerie mauritana. Si, se sudaba un poco ahí dentro.

Tras la bronca del jefe mauritano a los vengadores de la frontera, le pido al que va trajeado de los senegaleses que me de su nombre y cargo para la reclamación que pienso efectuar a la embajada en Madrid. Hasta pálido se quedó el colega pero el jefe del puesto nos pidió que dejáramos zanjar el asunto a él y no pusiéramos reclamación alguna. Como ya nos valía hacerle un rato la rosca dejamos pasar lo de identificar al enanito con traje. Igual habrá reclamación aunque sepa a ciencia cierta que acabará en la misma papelera que el dossier del proyecto.

Cuando hemos solucionado este altercado con incidente fronterizo entre Estados incluido nos sentamos a cumplimentar los trámites para entrar en Mauritania. Al entrar habíamos sacado una visa de doble entrada para no tener que acudir a Dakar durante la estancia en Senegal y por algún error en la entrada desde Marruecos esa visa se cumplió con el pasaporte de Marcos pero no con el mío. Así que debería volver a Senegal, con lo pasado anteriormente, y regularizar mi visa. Trámite que tardaría al menos un día. Marcosn lleva los días un tanto pillados así que tiene que seguir la ruta y yo volver para atrás. Mientras él se mete en la pista de Diamá yo tomo regreso al puente escoltado por el jefe de puesto mauritano.

Antes habíamos intentado contactar con la persona que nos cumplimentó los trámites de entrada y nos fue imposible. Sin más recursos, Marcos llamó a Frenchie que nos dio el teléfono de otro amigo en Dakhla. El jefe se impacientaba y me fui con él hasta la otra orilla del río para intentar comunicarme yo ese amigo. Lo conseguí y en un rato, para mi eterno, todo estaba arreglado. Alguien llamó a alguien que llamó a otro hasta hacer sonar el móvil del puesto mauritano donde me sellaron el pasaporte para dejarme entrar en su país.

(c) Ankor Ramos

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Arranco pista arriba para alcanzar a Marcos que me esperará en Rosso. La pista tiene algo más de cien kms que discurren por el Parque Nacional de Diawling. Un inmenso paraje donde se han creado sistemas de irrigación para el cultivo, en el que habitan cientos de tipos de aves y mamíferos y en el que los pastores llevan sus rebaños de vacas. En temporada húmeda es impracticable por las inundaciones y barrizales que se crean pero en temporada seca es una pista árida y dura. En tramos se bifurca en una o varias veces por las pistas alternativas creadas por el paso de vehículos en los momentos en que está mal.

Así hay que ir tomando una u otra según como se vea, en mi caso huyendo de la arena que es muy difícil de superar.

No se pueden alcanzar velocidades fuertes pero intento ir ligero para alcanzar Rosso cuanto antes. Ya es mediodía y el calor aprieta sobre la vertical perfecta del conjunto que formamos moto y piloto. La naturaleza invita a distraer pero las condiciones de la pista no lo permiten.

Vacas, aves y algún cochino (pumba) se cruzan apresurados por la pista desde los humedales hasta el campo abierto. Parece que en algún momento me dejo vencer por el encanto natural de cuanto me rodea y quito la vista un instante de la pista. Lo justo para encontrarme un hoyo inmenso que no puedo evitar de forma alguna. Tan sólo me dio tiempo a levantarme para evitar dejarme las vértebras en el lugar y oír un fuerte “clock”. Pienso en la llanta, me asusta pensar que se haya partido y asomo mi cabeza tímidamente por un lado de la moto. Respiro aliviado, la rueda sigue tan redonda como siempre. Sigo la marcha y coloco la vista sobre el centro de la moto, cuando veo que en el lado izquierdo el vaso de la barra está perdiendo todo el aceite. Me fijo bien…..el vaso se ha partido entero de forma transversal.

Continuo extremando la visión de los baches que hay más adelante en el resto de la pista. Así hasta que llego a una zona de arena y pierdo la rodada para irme contra el talud de lado. Estoy hecho un matado. Casi no me caigo, sino que la moto y yo nos apoyamos en un ángulo un tanto anormal para ir en moto.

Tras dos horas consigo llegar a Rosso donde Mar os ha hecho una bonita amistad con un severo militar mauritano que lo ha visto sudando y le ha puesto una sillita bajo la sombra de un árbol. Marcos le ha dado galletas de chocolate y el señor uniformado le ha dado un té recién hecho. Yo no he querido buscar más explicaciones a este affaire. Pero para aquellos que lo desconozcan, diré que el puesto militar de la frontera de Rosso, un coqueto cuartel con muro de adobe, prueba que la sensibilidad también puede guerrear, tiene un puesto guardia en una de sus esquinas (sin connotaciones) en el que cuatro aguerridos milicos reposan bajo la sombra de un árbol con dos camastros!!!!! Si, en plena calle los militares reposan acostaditos cual maja uniformada….curiosidades de este país.

(c) Ankor Ramos

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Tomamos dirección a Nouakchott, poco hay que contar sino dunas, haimas y el poco respeto que dromedarios, burros, cabras y vacas tienen por el tráfico rodado de este país. Todo para llegar a la que debe ser una de las tres ciudades más feas del mundo….la otra es Noaudhibou. Fétida, inmunda, sucia…sin ningún jodido atractivo. Un mal necesario para seguir camino de casa. Nada más.

Nos vemos en ruta….

África en la mirada (IX): Saint Louis – Nouakchott.
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