África en la mirada (X): Nouakchott – Dahkla


 

Por Ankor Ramos. (© de las fotografía y el texto: Ankor Ramos)

Compañeras (c) Ankor Ramos

Compañeras (c) Ankor Ramos

Superada la venturosa y accidentada jornada anterior nos disponemos a cruzar la última frontera complicada de nuestro viaje. Madrugamos más que el sol y desayunamos en el porche del albergue del Sáhara en Nouakchott mientras el alba comienza a despejar las sombras de la noche. Quedan muchos kms por delante y queremos cubrir una franja importante de terreno. Aquello de los planes que siempre esperamos cumplir aunque a veces las circunstancias se empeñen en hacerlo impnkor Ramososible.
Salimos de esta extraña ciudad, como salida de la imaginación del escritor de un best seller catastrofista. Nouakchott tiene aspecto de haber sufrido un ataque nuclear. Si en algún momento he definido el tráfico de las ciudades de Marruecos como caótico era porque no conocía el de Mauritania. Es sencillamente aberrante, carente de ninguna ley. Prueba manifiesta de la inexistencia del Estado como tal que no tiene ni capacidad para la colocación de señales de tráfico de ningún tipo. Los vehículos son auténtica chatarra, coches salidos de un rallie de demolición. La ciudad tiene, a modo de mobiliario urbano, infinidad de vertederos y escombreras donde pastan cabras y burros.

Al viento (c) Ankor Ramos

(c) Ankor Ramos – Al viento

Aguas fétidas formando mares en los arenales donde deberían haber aceras. Animales muertos con los vientres a punto de estallar en el medio del paso de personas….todo es válido en Nouakchott.

Paradójicamente es un sitio caro. Hoteles y restauración tienen precios igual o más caros que cualquiera de las ciudades de Europa. Hecho este que produce unas tasas de inflación galopantes y una fractura en la sociedad que sume en la miseria más absoluta a la mayoría de sus miembros.

Tan temprano tan sólo coincidimos en la carretera con los camiones que salen al extrarradio para ser cargados a mano por unos cuantos y luego vender su carga en la capital mauritana. Las ciudades son un hormiguero infestado de coches pero sin embargo, la carretera que une las dos ciudades más importantes del país carecen de tráfico.

Rodamos y rodamos para acercarnos a la frontera de Mauritania con Marruecos. Antes del mediodía estamos en el lugar y tal y como quedamos Mohamed, nuestro contacto, nos espera en el lugar para agilizar los trámites y pasar cuanto antes al otro lado. Relativamente pronto para lo que aquí se estila estamos cruzando por debajo de la barrera que un militar levanta a nuestro paso. Entramos en “tierra de nadie”…un trozo de tierra que nadie rige ni nadie gobierna enclaustrado entre el Estado mauritano y la ocupación marroquí del Sáhara.

sin destino.

(c) Ankor Ramos – Sin destino

Apenas cuatro kms de desierto minado, con trampas de arena y decenas de vehículos desguazados y carbonizados. Sin embargo si entran en esta tierra los busca vidas que te ofrecen cambiar dinero o que lo mismo te ofrecen un extensor elástico de gimnasio como un cartón de tabaco. Ambos casos verídicos.

Se debe tener cuidado al cruzar para no perder la pista buena y evitar así caer en las trampas que la arena construye para los que desconocen el lugar y que
luego se tendrán que gastar uso buenos euros en que sea rescatado por los solicitos mauritanos que pululan por el medio esta franja.

Los trámites en el lado marroquí tampoco llevan un excesivo tiempo. Parece que hoy pudiéramos cumplir con los objetivos marcados en nuestro plan diario. Salimos del puesto dirección norte. A poco de cruzar la frontera el viento se erige en nuestro competidor soplando con inusitada fuerza en la misma dirección que pretendemos tomar nosotros. Este fenómeno hace que el consumo de combustible por parte de las motos sea considerablemente mayor. Mi Gs suele recorrer, en condiciones normales, unos 330 kms en autonomía. Tal es el viento que no hago más de 270 kms y me quedo sin combustible a unos kms de Elbarbas. Marcos tiene más suerte con su depósito grande instalado. Mientras él se va a por unas garrafas de gasolina me siento en el suelo apoyado sobre el lateral de la moto que también descansaba sobre su pata lateral. Sin gasolina no anda pero al menos da sombra. Allí me quedo durante una hora con los ojos cerrados y descansando del madrugón y de la paliza dada hasta el momento en que hemos rodado más de cuatrocientos kms ya.

Aparece Marcos y tiramos hasta la siguiente estación. El viento empieza a ser una molestia considerable golpeándonos de frente y en ocasiones lateralmente obligando a las motos a ir con una ligera inclinación aún en recta. Agota el continuo ruido del viento golpeando el casco, el esfuerzo que obliga para sujetar la moto, la atención que requiere observar que no se formen lenguas de arena en la carrera y el rebufo que provocan los camiones grandes al cruzarse con nosotros.

 

bajo el cielo

(c)Ankor Ramos – Bajo el cielo

En el Sáhara se encuentran decenas de controles policiales propios de un Estado de sitio y ocupado como el que transitamos. Así como en el lado mauritano si el policía o militar está liado o echadito a la sombra del coche o en la caseta del puesto te dejan seguir sin más. En Marruecos te paran siempre para solicitar las fichas que portamos, pasaportes y hacernos preguntas que más parecen fruto de la curiosidad que del trabajo policial o la necesidad de obtener información de interés.

La tarde se extingue y el cielo empieza a oscurecer. En El-Argoub hacemos una nueva parada para repostar y echarnos un café caliente para intentar paliar
el frío que sigue aumentando con la noche. Aquí no hay donde quedarse, así que no queda otra que seguir hasta Dakhla ya con la noche cerrada, mientras el viento sigue siendo una constante que hace muy difícil conducir y hace más lento nuestro paso. Antes de entrar en Dakhla debemos superar aún dos ontroles de seguridad más.

Una vez superados seguimos hacía la población con un fuerte viento que trae solo consigo arena que nos golpea con cierta fuerza. Teniendo que ir muy despacio alcanzamos el casco urbano de Dakhla donde nos espera Jota, una de las personas que logró que no quedará atrapado en Senegal con aquellos problemas de visado. Tras cenar kefta (carne de dromedario) pasamos un buen rato obteniendo información de este madrileño afincado en el Sáhara y responsable de Adar Expeditions. Todo un lujo de datos y de solución de aquellas curiosidades que se nos plantean durante el viaje.

Al fin estamos en territorio seguro.

Nos vemos en ruta…

África en la mirada (X): Nouakchott – Dahkla
5 (100%) 3 votes

Deja un comentario