Outer Hébrides 2011 (I)


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Este debate contiene 3 respuestas, tiene 2 mensajes y lo actualizó  Beto Afrikkaner hace 4 años, 7 meses.

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    Nogue
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    #4473

    Nogue
    Participante

    “A 30 millas de la costa noroeste de Escocia, se halla una cadena de islas….en los confines de Europa”

    Dicen que lo importante de los viajes no es llegar sino ir, pues bien, nosotros hemos ido hasta una de las fronteras más remotas de Escocia, las islas Hébridas Exteriores, “Eilean Siar” (en gaélico) y alcanzado su punta más noroccidental, el lejano faro de Butt of Lewis. Hemos viajado a lugares en los que la vida transcurre muy despacio y donde un escocés es tan extraño como un londinense y no digamos una pareja de españoles en su moto. Este es el relato de nuestra aventura.

     

    ¿Por qué allí?

    Gustavo Cuervo, uno de nuestros grandes viajeros en moto, dice que el mejor viaje es el que mejor se prepara” y desde luego preparar este prometía. 

     

    Una tarde mientras trabajaba sobre un mapa del Reino Unido me fijé en un conjunto de islas lejanas, muy lejanas situadas al oeste de la costa escocesa y que llamaron poderosamente mi atención. ¿Cómo se llaman? ¿Qué hay allí? ¿Cómo se puede llegar?. Eran las “wild and wildy” Outer Hébrides, ahora conocidas oficialmente como las Western Isles, situadas a unas 30 millas de la costa noroeste de Escocia, en el Atlántico. Inhóspitas, aisladas, expuestas a fuertes tormentas que se deslizan desde el Atlántico Norte y donde pocos árboles son capaces de aguantar semejantes envites. La dueña del B&B donde pasamos nuestra primera noche en las islas nos contó que cuando una galerna se desata es como una fiera que libera toda su furia, todo un espectáculo digno de contemplar bien refugiado…pero que deseas que pase lo más rápido posible. Durante los meses de verano los días parecen no tener fin y las puestas de sol son muy bellas; hay una luz especial, una suave luz que se enciende de madrugada y no se apaga hasta casi la media noche.

    Paisajes marcados por un amplio horizonte de cielo y agua, deslumbrantes playas de arena blanca, donde los únicos bañistas suelen ser las focas en un litoral apabullante, oscuros páramos de turba, innumerables lagos, motañas y rocas de las más antiguas del planeta. Tierras desnudas y recias, habitadas por espíritus indómitos y gente muy amable; una historia fascinante de menhires y nombres vikingos. Fueron conocidas como las Islas del Sur durante los casi 200 años de dominio noruego hasta que en 1266 la soberanía fue trasladada a Escocia.

    La palabra Hébridas parece que tiene su origen en el término noruego “havbredey” que significa “islas en el borde del mar”. Hoy constituyen el centro de la cultura gaélica. Había que ir hasta allá.

     

     

    El plan


    La ruta partiría de Madrid para entrar en Francia por Irún, subiría por las Landas, Burdeos, París y llegar hasta Calais de donde sale el servicio de trenes del Eurotúnel. Una vez en Gran Bretaña, cambiando el pensamiento y la actitud para conducir por la izquierda, adelantar por la derecha, recorrer millas en vez de kilómetros y pagar en libras, llegar hasta Edimburgo donde esperaría a mi mujer Reyes que por motivos de trabajo se incorporaba al viaje tres días después. Luego hasta Oban donde embarcaríamos con rumbo a la más pequeña de las Hébridas, la isla de Barra. Desde allí atravesando las islas por carreteras de un solo carril y conectadas unas con otras por vía marítima o por puentes construidos sobre el agua, ir hasta la punta más lejana, el Butt of Lewis, el extremo más noroccidental y ventoso, donde se levanta un poderoso faro construido por el padre de Robert Louis Stevenson, autor de la Isla del Tesoro entre otros títulos. El regreso en barco desde la isla de Harris hasta la isla de Skye, la mayor de las Hébridas Interiores, entrando en las Highlands por el paso denominado Sky Bridge, un puente que une esta isla con las Tierras Altas. Atravesar el paisaje brumoso y fascinante de los páramos escoceses viajando a orillas del oscuro Loch Ness, el segundo lago más grande en superficie de Escocia, pero el primero si consideramos su volumen. Por último volver al continente por el mismo camino que en la ida aprovechando la ruta para ver la Gran Duna en la bahía de Arcachón en la región de las Landas.

    ¿Cuántos kilómetros?. Calculé que unos 5700 que en la realidad se convirtieron en algo más de 6.000. Una buena ruta para disfrutar de la gran pasión que es viajar en moto. 

    Internet y…

    Una de las aplicaciones tecnológicas que más nos ha cambiado la vida o el modo de hacer las cosas es sin duda Internet. Y en cuestión de preparar viajes no digamos ya que la información, reservas, itinerarios, etc que puedes obtener desde casa sentado frente al ordenador, para mí, es incríble. Seguro que para alguien más joven, yo paso de los 55, es una nimiedad pero teniendo en cuenta que en 1956, año en que nací, comenzó la TV en nuestro país, en blanco y negro y con un solo canal, todos estos avances me siguen sorprendiendo.

    Saqué a principios de Junio los billetes del Eurotunel, los de los ferries, las reservas de alojamientos para algunas noches dejándo a la improvisación otras en función del ritmo del viaje. Trazé el itinerario más adecuado con kilometrajes, peajes, gasolina, etc. Y por supuesto conocer más cosas del territorio que íbamos a recorrer.

    Y a pesar de la eficacia de internet no podía renunciar, ni puedo, a los materiales de información tradicionales como un buen mapa y una buena guía. Para la elección de esta última consulté varias de reconocida solvencia pero no ofrecían mucha información y la única que encontrá más completa fue la de la editorial Rouhg Guides “Scottish Highlands & Isles” editada en inglés y que dedica las Hébridas unas 35 interesantes páginas: “Find your own perfect beach in the Western Isles” (pág.325)

    Con respecto al mapa siempre procuro utilizar los de la editorial Reisse, están actualizados, son muy cómodos de manejar y el material es “waterproof” e irrompible, grandes ventajas para usarlos en los viajes en moto. Pero en esta ocasión no encontré un mapa de esta editorial adecuado. Conseguí localizar un mapa sólo de Escocia y las Islas, muy claro y con una buena escala de la editorial Freytag & Berndt. Resultaba bastante grande y el papel era de los que se rompen pero lo compré. Después durante el viaje resultó más engorroso de lo que pensaba el doblar semejente documento con el fin de meterlo en el compartimento para mapas de la bolsa sobredepósito; terminó rompiéndose pero conseguí sacarle partido.

    En marcha.

    1 de julio de2011

    Y por fín llegó el día que llevaba todo el año esperando. El día anterior había dejado todo el equipo preparado, la moto a punto y con zapatos nuevos (Metzeler Z6 que van muy bien a las RT tanto en duración como en agarrre). Me levanté temprano y a las 8:00, más tarde de lo que hubiese preferido, puse rumbo a mi primer destino, Chassenuil cerca de Poitiers.

    La primera parte del viaje se me pasó rápido, hacía buena temperatura, poco tráfico y el paisaje de la A-1 es agradable. La moto iba perfecta y yo pletórico. 

    La segunda parte ya en Francia me recordó otro tiempo viajando en moto por Europa. Hacía muchos años que no atravesaba el territorio galo por alguna de sus autopistas pero me dió la impresión de que todo seguía igual que cuando en una Benelli 654, una Guzzi Le Mans III o una BMW K100 crucé varias veces, allá por los 90, por tan amplio país. Los peajes, las áreas de servicio llenas de gente, mucho tráfico, largos kilómetros, todo parecía no haber cambiado. Bueno, todo no, yo tengo más años, el equipo es cien veces mejor y la RT comodísima aunque con el paso de muchos kilómetros ciertas partes del cuerpo empiezan a “protestar” pero yo estaba tan contento por volver a afrontar días de largo recorrido que todo formaba parte del placer y del reto que supone un gran viaje en moto. ¿Cómo explicar el hecho de que estás dispuesto a devorar kilómetros durante largas travesías conduciendo una moto?. Simplemente por sentir la emoción indescriptinle que me proporciona esta forma de viajar. ¿Pasión?. Razonable, lógico, sensato o no, yo viajaba con dirección a Edimburgo donde dentro de tres días había quedado con mi chica, Reyes.

    Francia…

    Atravesar Francia durante dos días no tiene mucho que contar. Horas de autopista en las que tu cabeza dentro del casco tiene una vida diferente a la del resto del cuerpo. Conversas animadamente contigo, cantas e incluyes coros, tienes ratos trascendentales en los que piensas sobre cómo has llegado a este punto de tu vida y así transcurren las hoars y los kilómetros; cuando el resto del cuerpo protesta es momento de parar unos minutos, ya sabes, gasolina, beber algo fresco, ir al baño y estirar, sobre todo estirar.

    No hablo francés, lo justo para saludar y dar las gracias así que esta situación me colocaba como un espectador a cierta distancia y me parecía estar viendo las mismas escenas que hace unos años, el mismo tipo de gente, los coches cargados, los remolques, las autocaravanas, los enormes trailers y muy pocas motos subiendo hacia el norte…bueno Harleys, muchas Harleys a veces formando grupos numerosos bajando hacia el sur.

    El primer día hice unos 960 km y llegué a buena hora de la tarde al alojamiento reservado en Chassenuil, Hotel Premier Class, 35€. Cómodo y suficiente para pasar la noche y descansar.

     

    Al día siguiente tenía previsto llegar a dormir a casa de unos amigos que viven a unos 40 km de Londres, cerca del aeropuerto de Stansted, así que la ruta fue París, Calais, Londres y Henham idílco pueblo en la campiña inglesa. Circunvalar París fue emocionante y no lo digo por el sentimeinto de estar en la ciudad de la luz sino por el peligro que suponía un tráfico muy denso que unas veces se paraba y otras avanzaba vertiginosamente. Yo circulaba tímidamente entre los coches teniendo cuidado de no golpear con las maletas algún vehículo y caerme al suelo, me hubieran devorado vivo. Mi sorpresa fue observar que los motoristas circulaban muy rápido entre los coches haciendo sonar su claxon pidiendo imperativamente paso ante lo cual éstos se apartaban diligentemente. Conseguí superar el momento y seguí rumbo a Calais.

    Eurotúnel.

    Llegué a Calais mucho antes de lo previsto, señal que mi ritmo de viaje era estupendo. Seguí las indicaciones de los operarios del Eurotúnel y en un periquete estaba dentro del tren que me dejaría en 40´en la costa inglesa, en Folkestone.

    Desde que accedes a la terminal hasta que estás en el tren sólo tienes que dejarte llevar. Dentro colocas la moto donde te indican y tú te sitúas junto a ella como si fueras en el metro apoyándote en la pared o sentado en el suelo. En el mismo vagón coincidí con un pequeño grupo de motoristas ingleses que regresaban de un viaje por Francia. Nos saludamos y conversamos un poco sobre nuestros destinos mutuos. “Long trip” dijo un de ellos mirando mi mapa, efectivamente yo iba muy lejos.

    Cuando el tren comenzó a moverse saltó la alarma de la moto, detalle que no había previsto y tuve que ir apagándola todo el camino porque no recordaba cómo desactivarla. pasé un poco de apuro ante los colegas ingleses pero ellos ni se inmutaron, no debía ser muy extraño como pude comprobar días después en los ferries con las alarmas de los coches; para entonces yo tenía que tener solucionado el tema de la alarma, ¿cómo?…internet.

    #4481

    Beto Afrikkaner
    Participante

    Buen reportaje, congratus, 

    #4482

    Beto Afrikkaner
    Participante

    Buen reportaje, congratus, Nogue.

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