Outer Hébrides 2011 (y III)


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Este debate contiene 2 respuestas, tiene 2 mensajes y lo actualizó  Juan Recio hace 4 años, 6 meses.

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    Nogue
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    #4517

    Nogue
    Participante

    La mañana no acompañaba mucho para el paseo, cielo gris, algo de lluvia y viento así que aprovechamos para reservar desde la oficina de turismo de Castelbay los B&B para nuestra estancia en las islas. Nos recomendaron hacerlo para evitar tener problemas a lo hora de encontrar donde dormir ya que no hay muchos de estos alojamientos.

    La terminal del ferry con destino a Eriskay está al NE de la isla, en Aird Mhor lo que nos permitió hacer un pequeño recorrido por la isla a pesar de la lluvia que, por cierto, nos acompañó, intermitentemente todo el día.

    A las 11:00 estábamos en el embarcadadero que utiliza el ferry que conecta Barra con Eriskay. Cuando llegó el barco primero desembarcaron los que llegaban, luego se acercó la furgoneta del servicio de correos para intercambiar la carga y finalmente se procedió al embarque de una forma rápida y ordenada. En tan solo 10´el ferry estaba listo para partir. La moto quedó perfectamente sujeta por una eslinga que estrujaba el asiento del conductor y se anclaba a dos argollas a ambos lados del vehículo. También ese día éramos los únicos españoles, además en moto, que viajaban en el barco; esto nos hacía sentirnos un poco más aventureros. 

    Eriskay, South Uist, Benbecula, North Uist y Berneray se comunican mediante carreteras construidas sobre el mar. El camino es una “single road” que se ensancha en algunos puntos llamados “passing place” lo que permite dejar paso al vehículo que viene en sentido contrario. La regla es simple, el que llega antes al ensanche espera y cede el paso al vehículo que viene de frente. También es frecuente que las ovejas deambulen por la carretera o estén descansando sobre el asfalto y no debe ser extraño que en algunas zonas crucen nutrias por delante del vehículo. Nosotros no vimos ninguna aunque las señales lo advertían. El asfalto está bien conservado y agarra bien con lluvia, hay abundantes señales pero debes circular con precaución.

    El paisaje es muy abierto casi no hay árboles pero sí agua, mucha agua, con grandes extensiones de turberas salpicadas de numerosos lagos y algunas montañas de poca altitud, las más elevadas no superan los 600 metros y la presencia del océano que descansa en abiertas y solitarias playas de arena muy clara produce la sensación de que éstas se extienden casi sin interrupción a lo largo de toda la costa NO de las islas. Hay muy poca presencia humana y la soledad del páramo te acompaña en muchos tramos.

     

    Esa jornada hizo muy mal tiempo. Estuvo lloviendo casi todo el día, el viento comenzó a azotarnos aunque reservó toda su fuerza para el día en que llegamos al Butt of Lewis. Un buen equipo de agua es obligado para viajar en moto por estas tierras. “Aquí aprendes rápido que no vale la pena luchar contra las circustancias, es mejor adaptarte y sacarle partido al día”

    Tomamos un té caliente y un pastel en la localidad de Lochboisdale, en la oficina de correos. Estos establecimientos están desarrollando la estrategia de reconversión para ser negocios más rentables ofreciendo diversos servicios a la comunidad. Es una buena idea para localidades pequeñas pues pueden funcionar como tienda, centro de reunión, oficina de información, Internet…

    Nuestro alojamiento estaba en la población de Hougharry, en la parte oeste de North Uist. Una casa de reciente construcción al estilo de las islas; no hay muchas casas antiguas, bueno, en general no hay muchas casas. La dueña nos contó que la mayoría de los viajeros que llegan a estas tierras vienen a pescar trucha, salmón, ver ciervos, ruinas prehistóricas, aves, pero a todos les engancha la paz de estos parajes y la soledad de sus vastas playas.

    Como el tiempo mejoró decidimos explorar un poco más la isla de North Uist y dando un pequeño rodeo llegamos a la población de Lochmady “Loch of the Dogs”. Es la localidad más importante y cuenta con un puerto de ferries que conectan con la isla de Skye. Cenamos en el Tigh Dearg Hotel que se anuncia como el “sabor de las Hébridas” y ofrece una carta a base de salmón fresco, marisco y pescado muy apetitosa. Nuestra cena fue más sencilla. Para el regreso subimos hacia el norte por la carretera costera, vía Sollas. Circulábamos solos disfrutrando del paisaje, no llovía, había una luz muy suave y una completa paz.

    En nuestro camino, en la esquina NO de la isla, llamó nuestra atención la Scolpaig Tower anclada en un islote del lago del mismo nombre. Lo primero que piensas al ver la solitaria torre es que es un vestigio medieval, un punto de defensa o vigilancia contra los invasores pero su historia dista mucho de ser tan interesante, no es más que una demencial construcción proyectada en el siglo XIX para distraer la hambruna que asoló estas tierras.

    La tempestuosa punta norte

    Al día siguiente debíamos alcanzar el punto más lejano del viaje, Butt of Lewis. Nos embarcamos a primera hora en el ferry que nos dejaría en la isla de Harris. En esta ocasión no sujetaron la moto y el operario al ver mi cara de preocupación me dijo que no habría problema, el mar estaba tranquilo. Confié en su experiencia, no me quedó otro remedio.

    Navegamos durante una hora sortenado pequeños islotes donde descansaban plácidamente grupos de focas, un bonito crucero de no haber sido por la lluvia que hizo su aparición al poco de partir y no nos abandonaría en toda la jornada. A pesar del mal tiempo el ferry no se movió y la BMW viajó tranquila, yo también.

    El nombre de Harris deriva del antiguo noruego y quiere decir “tierra alta” (high land). Es la isla más montañosa, muy atractiva; inmediatamente su dramático paisaje te engancha y a pesar del viento y la lluvia que aparecen y desaparecen a placer, recorrer estos parajes sintiéndote parte de ellos es una de las sensaciones por las que me siguen gustando los viajes en moto. Habíamos reservado alojamiento en la isla de Scalpay, no muy lejos del puerto de Tarbet desde donde al día siguiente embarcaríamos hacia la isla de Skye, iniciando el viaje de regreso.

    La single-road que une Tarbet con Scalpay serpentea a lo largo de la costa ofreciendo unas panorámicas de mar y montaña muy bellas. El nombre de Sacalpay viene del noruego “skalp-ray” o “la isla en forma de barco”. Desde aquí el príncipe Carlos Estuardo “Bonnie Prince Charles” trató infructuosamente de conseguir un barco que le llevase de regreso a Francia después de la derrota de Culloden (1746). Fue el choque final entre escoceses de la Highlands, jacobitas, que apoyaban al príncipe Carlos y el ejército británico liderado por el príncipe Guillermo, duque de Cumberland apodado tras la batalla como “Cumberland el carnicero”. Como consecuencia las represalias civiles fueron muy duras y se promulgaron leyes para erradicar los clanes; las gaitas y la vestimenta tradicional fueron declaradas ilegales.

    Nos pareció buena idea pasar primero por el B&B para dejar el equipaje y dedicar el resto del día, sin prisas, a recorrer el territorio más largo de las Hébridas formado conjuntamente por las islas de Harris y Lewis.

    Según como se mire, Harris se puede considerar la parte sur de la isla de Lewis o ésta la mitad norte de Harris. La transición entre una y otra es casi imperceptible y la divisón no suele estar señalada en los mapas, parece que se debió a un reparto en el clan de los MacLeod, una historia perdida en la bruma del tiempo.

     

     

     

     

     

     

     

     

    Nada más desembarcar nos acercamos hasta Rodel donde se ubica uno de los símbolos de Harris, St. Clement´s Church. La iglesia está situada en lo alto de un montículo y es el lugar donde yacen los MacLeod de Harris. Más abajo en el antiguo puerto, el Rodel Hotel construido en 1781, un lugar perfecto para tomar un reconfortante té caliente. El otro símbolo, de alto valor económico es el “tweed”, aquí se teje el mejor, hecho con lana local.

    Llegamos a Scalpay y después de presentarnos a la dueña del B&B nos dispusimos a atrevesar el vasto territorio para alcanzar la punta más noroccidental de las Hébridas.

    El tiempo era pésimo. el viento soplaba con fuerza, llovía, unas veces con intensidad y otras de forma más suave, el cielo tan pronto se volvía de un gris oscuro amenazador como se abría en grandes claros dejando que el sol nos calentara brevemente. Pero la isla de Harris nos compensó.

    Las montañas aparecían majestuosas cuando la niebla se disipaba o como figuras fantasmales cuando las cubría, fuertes pendientes tapizadas con un manto verde se precipitaban hacia amplias bahías, la carretera parecía buscar paso entre lagos y turberas, acercándose a la costa o bordeando fiordos encajonados entre altas montañas. Estábamos siguiendo la Golden Road. Su nombre se debe a la elevada suma de dinero que se empleó para construirla debido a las dificultades del terreno. Es, probablemente, una de las carreteras de un solo carril más bellas del mundo.

    Subimos por el lado oeste de la isla de Lewis para poder ver Callanish Standing Stones, un conjunto de monolitos más antiguos que los del Círculo de Piedras de Stonehenge y de los que su función sigue siendo un misterio. También visitamos Gearannan Blackhouse Village, en la población de Carloway. Es un grupo de humildes casas de piedra con tejado de paja donde vivían los granjeros; las últimas fueron abandonadas en 1974 pero han sido restauradas y se utilizan como pequeño museo y albergue.

    Lewis tiene un paisaje estepario, comparado con el de Harris, resulta más monótono y la lluvia y especialmente el viento que no dejó de zarandearnos en los últimos kilómetros lo hicieron más duro.

    Y por fin, por una estrecha carretera llegamos a la desierta y tempestuosa punta norte de las Hébridas, el faro de Butt of Lewis, en el borde del mundo. 

    La emoción de haber ido hasta allá era mucho más fuerte que el viento que nos azotaba. El poderoso faro que se eleva a 37 metros sobre los acantilados y a 52 metros sobre el nivel del mar domina la línea del cielo y sirve de guía a los que viajan por tierra o por mar; su luz se extiende a más de 25 millas en el Atlántico. Fue construido en 1862 por el padre del autor escocés Robert Louis Stevenson. Durante 136 años tenaces fareros y sus familias cuidaron de él hasta que en 1998 se instaló un completo sistema automático cerrando toda una historia de faros y fareros. Hace algunos años el “Guinnes Book of Records” lo reconoció como el punto más ventos del Reino Unido. En invierno la velocidad del viento puede superar los 160 km/h. Los acantilados que rodean al faro albergan una fauna muy variada, especialmente de aves marinas, un sueño para los ornitólogos. Sentarte un rato a ver las maniobras de las aves en su lucha contra el viento cuando se acercan a las rocas o al agua es todo un espectáculo.

    De repente, mientras hacíamos fotos como podíamos resistiendo el vendaval, pasó sobre nosotros, en un escalofriante vuelo a ras de los acantilados, un caza de la Royal Air Force. El ruido fue tan fuerte que nos sobrecogió y tardé unos segundos en recuperarme de la impresión. Solo le faltó sacar la mano por la ventanilla y tocar el faro. El avión desapareció tan rápido como llegó.

    La tarde empeoró y lo más sensato era abandonar el lugar e iniciar el regreso hacia Scalpay. Todavía nos quedaban horas de luz pero el tiempo aconsejaba no demorar la marcha.

    Habíamos ido hasta uno de los baluartes más lejano y solitario de Europa y tras más de 3000 km regresábamos. Llegamos a Stornoway “capital de las Hébridas”  a última hora de la tarde y nos pareció buena idea descansar un rato y cenar algo. La ciudad fue un importante asentamiento vikingo. Hoy es la población más relevante de las islas con una animada vida cultural en verano, es el centro del Hebridean Celtic Festival que se celebra en la segunda quincena de julio. Lo que más llama la atención al llegar a la ciudad es el Lewis Castle, una pomposa mansión en forma de castillo construido en 1863 por Sir James Matheson, que había hecho fortuna importando opio desde China, después de reasentar a los granjeros que vivían ayer. Cuentan que en el invernadero de la casa, Lady Matheson ofreció té a los manifestantes que desde la isla de Bernera marcharon sobre la ciudad. Las revueltas tuvieron su origen cuando los granjeros desafiaron las órdenes de deshaucio promulgadas por el señor de las tierra, Sir James. La verdad es que la revuelta no fue tal pero los hombres fueron arrestados y acusados de asalto. Los granjeros marcharon hacia Lewis Castle y pidieron audiencia con Matheson, mientras esperaban Lady Matheson les invitó a merendar. Sir James les escuchó y declaró desconocer los manejos de su administrador Donald Munro. En el proceso que siguió, Munro fue desenmascarado como un tirano despiadado y los granjeros quedaron absueltos. Un ejemplo más de las historias de opresión de los poderosos

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    Tomamos una cerveza y un plato de salmón fresco en el pub del Caledonian Hotel justo enfrente de la terminal del ferry de la Caledonian Mac Brayne, un local donde puedes encontrar ese tipo de personajes que hacen pintoresco un lugar. Aún nos quedaban un par de horas de camino a Scalpay y aunque el descanso y la cena nos habían sentado muy bien después de la lucha contra los elementos, teníamos ganas de llegar al B&B.

    El regreso fue poco menos que emocionante. El viento y la lluvia siguieron siendo molestos compañeros de viaje pero de nuevo la luz, la suave luz de las Hébridas transformó la ruta en un recorrido muy bello. Recordé en la intimidad de mi casco algunas estrofas de la canción que Raimon compuso en 1959:

    “Al vent, la cara al vent, el cor al vent, les mans al vent, ells ulls al vent, al vent del món”

    Habla del viaje que realizó en moto y de paquete cuando tenía 19 años, de la vivencia de encontrarse todo él inmerso en el viento y expresa magistralmente el espíritu de libertad. Fue todo un símbolo en una época donde esa libertad hubo que reclamarla. En ese momento me pareció que esos versos representaban la esencia de los grandes viajes en moto. Mi mujer, Reyes, estaba deseando llegar.

    Al día siguiente partía nuestro ferry con rumbo a la isla de Skye dejándo atrás a las Hébridas Exteriores con un sentimiento de nostalgia que nos hará volver, esta vez acompañados de nuestras hijas.

    El barco cruza en 2h y media el Mar de las Hébridas desde Tarbet hasta Uig en la isla de Skye. En Skye el paisaje es diferente, las montañas parecen levantarse sobre la accidentada costa como si fueran las alas de una mariposa gigante, un verde muy vivo tapiza la tierra donde destacan las casas blancas de tejados oscuros y una climatología capaz de cambiar en poco segundos.

    Bajamos bordeando la costa hasta Portree, atravesamos la península de Trotternish donde se encuentran alguno de los paisajes de roca volcánica más raros de la isla. Luego por el Skye Bridge dejamos las Hébridas Interiores, entramos en las Highlands y unos kilómetros más adelante nos dio la bienvenida un inmortal highlander, el castillo de Eilean Donen, probablemente el monumento más fotografíado de Escocia. Nuestro propósito era avanzar lo más posible para llegar a dormir cerca de Fort William pero a media tarde nos topamos con Glenmoriston Arms Hotel, una antigua posada de 1740 en la población de Invermoriston rehabilitada según el buen gusto escocés. El alojamiento era algo caro, 90 libras con desayuno, pero sin dudarlo mucho nos quedamos. En un viaje de este tipo un día de cierto “glamour” es necesario. Habíamos hecho unos 210 km y estábamos junto al lago Ness. No hay historia o leyenda que no esté relacionada con un loch casi siempre envuelto en bruma y misterio que termina poblado por monstruos y fantasmas. El lago Ness forma parte con otros tres lagos, que deben albergar criaturas tan extrañas como el propio “Nessie”, del Gran Glen, una inmensa falla de origen glaciar que corta diagonalmente el país. Recorrer las orillas de estos lagos que parecen no tener fin supone, en cierta manera, ir al encuentro de esas leyendas.

    De vuelta a casa

    Los últimos días de viaje se consumieron en largas jornadas de moto atravesando territorios que bien merecen un viaje en exclusiva.

    Bajamos siguiendo la falla del Gran Glen, a las orillas de los lagos Ness, Lochy y Linnhe; nos impresionó la belleza del Geln Coe qu perteneció al clan de los Mac Donald y donde habitó un antiguo suprevolcan que entró en erupción hace 420 millones de años, luego los glaciares tallaron su perfil y hoy es un valle rodeado de picos tapizados de terciopelo verde cuyas cumbres con frecuencia aparecen envueltas en nubes y sus flancos rasgados por cascadas de rocas. Su nombre quiere decir “valle del llanto” probalmente en referencia a un hecho de su dramática historia, la Masacre de Glencoe ocurrida en 1692. Treinta y ocho MacDonald fueron asesinados por los invitados a los que habían dado su hospitalidad; el motivo fue que no habían prometido, aún, lealtad al nuevo rey Guillermo de Orange. Mujeres y niños murieron a la intemperie después de que sus hogares fuesen quemados; había que acabar con el poder feudal de los clanes.

    Desde Glasgow hasta Londres viajamos bajo una intensa lluvia capaz de quebrar el ánimo de los más intrépidos viajeros. De Londres a París, en un día, cruzando el Canal de la Mancha por debajo del mar en un tren, expresándolo así parece el principio de una novela de Julio Verne.

    El atardecer inolvidable sobre la cresta de la Gran Duna, “la Dune du Pilat”, la más alta del continente, a la entrada de la bahía de Arcachón en la región de las Landas; 60 millones de metros cúbicos de fina arena que parecen querer devorar el mayor de los bosques de Europa.

    Y el calor, el fuerte calor del último día que nos dejó la fuerza justa para llegar a casa y aparcar la moto en el garaje. Después de más de 6000 km nuestro viaje a las Hébridas había llegado a su fín.

     

            ” A 30 millas de la costa noroeste de Escocia se halla una cadena de islas….las Outer Hébrides”

     

    #4518

    Juan Recio
    Super administrador

    Bravo!!!! nos vemos el sábado 4 amigo Noguerol

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